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PRIMERA FERIA INTERNACIONAL DE COLECCIONISMO DE VILLANUEVA DE LA SERENA

Publicado el 05/02/2012 por Numisma.org

Se celebrara en la citada ciudad de la provincia de Badajoz los proximos dias 25 y 26 de Febrero de 2012, donde habra coleccionistas de todas las tematicas.

INFORMACION PARA VISITANTES, COLECCIONISTAS Y COMERCIANTES

- VISITANTES
Entrada Gratuita

- COLECCIONISTAS
Se asignara gratuitamente a cada coleccionista asistente 1m de mesa exclusivamente reservado a su nombre. No habrá mesas de intercambio libre por lo que se ruega nos hagan llegar su solicitud de espacio antes del 15 de Febrero de 2012.
Estas mesas serán exclusivas para intercambio por lo que queda PROHIBIDA LA VENTA.
Abstenerse de reservar varias mesas para la misma familia y cosas similares, puesto que ya que estamos ofreciendo un espacio gratuito, debe haber para todo el mundo.

- COMERCIANTES/TIENDAS/ASOCIACIONES/CLUBS/OTROS
Se habilitara una zona exclusiva. El espacio mínimo es de 2m con un precio inicial de 10€, pudiendo adquirir espacio adicional a razón de 10€/m. En este precio estará incluida la acreditación así como los obsequios de la feria.

- EXPOSITORES
Si estas interesado en traer tu colección o parte de ella para exponer, también tendremos un espacio habilitado. Ponte en contacto con nosotros para ver la disponibilidad.

Para mas información y reservas en coleccionismovillanueva@gmail.com

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Fábrica Nacional de Moneda y Timbre (FNMT)

Publicado el 03/02/2012 por Numisma.org

 Introducción

Establecimiento oficial de la Administración, dependiente del Ministerio de Hacienda, en el que se acuña moneda y se estampa el sello y timbre del Estado en los documentos, títulos y otros efectos. La primera Casa de Moneda establecida en Madrid fue creación de Enrique IV (1454-1474) por Real Cédula de 2-XII-1467, en la que ordenó a su tesorero, Fernando Pareja, comprar un solar y casas que estuvieran situados dentro de los muros de la villa. Al año siguiente debieron de comenzar las acuñaciones, tal como se refleja en la Real Cédula de 16-VII-1468, en la que se da licencia para labrar enriques y medios enriques de oro, reales y medios reales de plata, y cuartos y medios cuartos de vellón, describiendo los tipos que habían de figurar en ellas, así como la marca (”m” coronada) que las distinguiera de las acuñadas en otras cecas. Como consecuencia de la reorganización de Casa de Moneda llevada a cabo en 1473, se cerró la de Madrid junto con otras muchas, quedando reducido a seis el número de ellas. Hasta el reinado de Felipe II (1556-1598), que en 1561 trasladó la Corte a Madrid, no hay noticias sobre las acuñaciones en esta ciudad; las primeras se realizaron en virtud de Real Cédula de 17-VII-1591, siendo sus valores escudo, real de a cuatro, de a dos y reales. Sobre la ubicación exacta de la Casa de la Moneda de Madrid, no hay datos fehacientes hasta el reinado de Felipe III (1598-1621) que por Real Cédula de 18-II-1614 concedió el beneficio y fabricación de moneda, así como el cargo de tesorero, con carácter hereditario, a los duques de Uceda, que establecieron los talleres de fabricación en dos casas de su propiedad situadas junto a la Fuente Segoviana. Una, que correspondía a la manzana n° 190 de la actual calle de Segovia, albergaba el Fielato, Laminación y Corte; la otra, n° 3 de la manzana 139, comprendía el Ensayo, Fundición, Acuñación y dependencias administrativas. Se labraron piezas de dos escudos, reales de a ocho, de a cuatro, de a dos, reales y ocho y cuatro maravedís. Durante los reinados de Felipe IV (1621-1665) y Carlos II (1665-1700) la actividad de la Casa de la Moneda continuó con normalidad, acuñándose en ella prácticamente todos los valores del sistema, acuñación que se realizaba indistintamente a martillo o por laminación (sistema introducido en España por Felipe II). Al igual que en tiempos de Felipe III, la maquinaria debió de ser escasa y anticuada, según se desprende del inventario realizado en 1718 en que se valora por un total de 125.773 reales. Es precisamente en esta fecha, y por Real Cédula de 10-VII, cuando Felipe V (1700-1746) dispone la incorporación a la Corona de la Casa de la Moneda, si bien la escritura de transacción, cesión y enajenación completa, no se efectuó hasta 1760. La disposición de los talleres y dependencias administrativas era semejante a la de Felipe III, si bien la maquinaria fue renovada, en parte con los enseres de la Casa de la Moneda de Cuenca, en parte con la adquisición de una prensa de volante, procedente de Lisboa (Portugal) para la acuñación de moneda que, según Ordenanza de 16-VII-1730, debía realizarse en prensa de volante y a cordoncillo. A finales del s. XVIII, el grabador suizo Jean Pierre Droz perfeccionó en la Casa de la Moneda de París (Francia) el funcionamiento de la prensa de volante, haciendo posible, mediante la virola partida, la acuñación simultánea de anverso, reverso y canto, y acelerando el proceso de acuñación mediante la alimentación automática de los cospeles. El sistema de Droz permitía, asimismo, el hincado de los punzones completos en los troqueles, facilitando la repetición de los mismos mecánicamente. Bajo la protección de Manuel Godoy, primer ministro de Carlos IV, el grabador de la Casa de la Moneda de Madrid, Mariano González de Sepúlveda, se trasladó a París para aprender el funcionamiento de la nueva presa que, adquirida en 1804, no llegó a instalarse en la Casa de la Moneda de Madrid hasta 1833.

Coincidiendo con la entronización en España de la dinastía borbónica (1700), se había iniciado la formación sistemática de grabadores españoles con destino a las diferentes casas de moneda de España e Indias: Isidoro Párraga, primer grabador de Felipe V, autor de la medalla de proclamación de Madrid; Tomás Francisco Prieto, grabador general de las Casas de la Moneda de España e Indias desde 1761 y director de la Primera Escuela de Grabado de la Casa de la Moneda bajo la protección de Carlos III; Gerónimo Antonio Gil, discípulo del anterior y grabador general de la Casa de la Moneda de Méjico, y Pedro González de Sepúlveda, sucesor de Prieto en el cargo de Grabador General de la Casa de la Moneda de Madrid. Consecuencia de los avances técnicos, ya mencionados en la fabricación de la moneda, se creó en 1804 el departamento de Grabado y Construcción de Instrumentos y Máquinas para la Moneda, instalado en una casa de la Carrera de San Francisco y dependiente del grabador general, donde se completaba la formación artística de los grabadores con el aprendizaje de las nuevas técnicas de acuñación. En los años de la ocupación francesa (1808-1814), los Grabadores Generales Pedro y Mariano González de Sepúlveda grabaron las matrices y troqueles para las monedas de José Bonaparte emitidas durante el periodo de 1808 a 1813. Entretanto, en 1809 la Junta Suprema Central dispuso el establecimiento en Cádiz de una Casa de la Moneda con la maquinaria y útiles de la de Sevilla que comenzó a funcionar en 1810 y a la que se trasladó parte del personal y enseres de la Casa de Moneda de Madrid en 1812. Restaurada la monarquía borbónica, Pedro y Mariano González de Sepúlveda fueron destituidos de sus cargos por colaborar con el gobierno francés, siendo nombrado en su lugar Félix Sagau, quien se había significado en el partido de Fernando VII y había sido nombrado por la Junta de Regencia Grabador General en 1811. Trasladada en 1814 la Casa de la Moneda desde Cádiz a Madrid, se volvieron a ocupar los viejos caserones de la calle de Segovia y de la Carrera de San Francisco. Dado el estadoruinoso de los edificios se proyectó su traslado a la Fábrica de Aguardiente, ocupada por la Fábrica de Papel Sellado y la de Tabaco, traslado que no se llevó a efecto por las dificultades que suponía el desalojo del edificio. En 1824 se reincorporó a su puesto el grabador general Mariano González de Sepúlveda, quien puso en funcionamiento en 1833 el volante de Droz perfeccionado por Gengembre. En este mismo año se produjo el derrumbamiento de los tejados de las oficinas del Fielato, que ocupaba parte de la manzana n° 190 de la calle de Segovia, amenazando ruina el resto del edificio, por lo que se nombró al arquitecto Isidoro Velázquez para que informara de los daños sufridos y evaluara las reparaciones. El arquitecto desestimó la reparación total del edificio por excesivamente costosa e inoperante para un establecimiento de este tipo y propuso el traslado a un edificio que reuniera mejores condiciones. Tras varias propuestas inviables que duraron varios años, en 1847 el Gobierno compró al duque de Valencia la casa n° 23 del Paseo María Cristina, que sólo sirvió para almacenar la maquinaria que se iba adquiriendo. Durante este tiempo, ocupó el cargo de grabador general –por el fallecimiento de Mariano González de Sepúlveda en 1842– Remigio Vega, a quien sucedió en 1854 Francisco Coromina y en 1861 Luis Marchionni.

El proyecto de Ley de 29-X-1855, sancionado en 15-I-1856, autorizó al Gobierno para la construcción de un nuevo edificio que reuniera la Casa de Moneda y la Fábrica de Papel Sellado, financiado mediante enajenación en licitación pública de los edificios de las Casas de Moneda de Madrid, Sevilla y Segovia, Carrera de San Francisco, Fábrica de Papel Sellado y n° 23 del Paseo de María Cristina. El solar elegido ocupaba el n° 148 de la Huerta de Veterinaria, a la derecha de la Puerta de Recoletos (después Plaza de Colón). Las obras comenzaron inmediatamente y los trabajos de desmonte se adjudicaron al contratista Manuel Roiz en subasta celebrada el 24-II-1856. El arquitecto del proyecto inicial fue José Joaquín Ibarrola, aunque las certificaciones de obra no aparecen firmadas por él sino por los arquitectos Pedro Torrá y Aureliano Varona durante el periodo 1856-1859, constando como director facultativo de la misma el superintendente Luis de la Escosura. La obra llevó un ritmo rápido, pues en 1858 ya estaba terminada casi toda la edificación, sufriendo una interrupción por el expediente abierto por el contratista y los arquitectos a causa de las denuncias formuladas por Cabezuelo y Crespo. Como resultado del expediente se admitió la renuncia del director facultativo, Luis de la Escosura, que fue substituido por Luis Grande, ingeniero jefe de segunda clase del cuerpo de Minas, y se separó de sus cargos, por R.O. de 18-IX-1858, a los arquitectos Torrá y Varona, que fueron substituidos por Francisco Jareño, quien finalizará la obra. En 6-IX-1859 se reunió la Junta de Fomento para estudiar la propuesta de Jareño de un nuevo proyecto de fachada, que se aprobó por ser más económico y adecuado que el anteriormente presentado por los arquitectos Torrá y Varona. En VII-1860, la Dirección General de Consumos, Casa de Moneda y Minas, remitió al superintendente Miguel Pacheco copia de los planos de sótanos, planta baja, principal y segunda, para que distribuyeran las oficinas, talleres y viviendas. Al año siguiente, por R.O. de 3-II-1861 se autorizó el traslado de la maquinaria y enseres desde las casas viejas de la calle de Segovia a la de Recoletos. Las obras continuaron ininterrumpidamente hasta 1865, realizándose la división en crujías del patio interior, la crestería ornamental, las casetas para portería y cuerpo de guardia y las obras de remates e ingeniería. El día 13-II-1861 se inauguró solemnemente la Casa de Moneda con asistencia de la reina Isabel II y su gobierno, presidido por Leopoldo O’Donnell. El acto fue conmemorado en una placa de mármol con letras doradas colocada en el dintel de la puerta de acceso a la nave del taller de acuñación y que actualmente se conserva en el Museo. Paralelamente a las obras de construcción, se fue renovando la maquinaria de acuñación de moneda mediante la compra de una prensa movida a vapor procedente de la Casa de Moneda de Barcelona, cuatro prensas Thonelier de distintos tamaños, una prensa D’Okklon alemana, una máquina de vapor de 25 CV y seis balanzas automáticas Napier. Ello permitió en 1861, año de la inauguración, instalar las salas para las acuñaciones de la plata y el oro, siendo movidas a vapor todas las prensas mediante la máquina ya mencionada, hoy conservada en la Escuela de Ingenieros Industriales. En 1863 se habilitaron créditos para la adquisición y montaje de la nueva maquinaria para la terminación de la sala de la plata y para la del bronce: dos máquinas de vapor de 25 CV, varias prensas Thonelier, bancos de hileras, máquinas cortadoras de cospeles, mesas de torcular, etc. Para ello se contrató a la empresa La Maquinista Terrestre y Marítima de Barcelona, que finalizó la instalación en 1867. A partir de 1871 se modernizó el taller de fundición, siguiendo el modelo del existente en la Casa de Moneda de Bruselas (Bélgica).

En cuanto a la Fábrica del Sello, se trasladó de la Fábrica del Aguardiente al nuevo edificio de la Casa de Moneda en 1861 y a juzgar por los planos existentes, en 1867 constaba del Departamento del Blanco y del de Timbrado. En el primero se preparaba el papel en blanco, escogiéndolo, contándolo y numerándolo, y a veces se glaseaba y satinaba; dependiendo de este departamento había una imprenta con máquinas movidas mecánicamente. En el departamento del Timbre había máquinas movidas a vapor, y otras a brazo para el timbre en seco; estas máquinas habían sido diseñadas por el departamento de Grabado. Además de estos talleres fabriles existían los almacenes del blanco, remesas, intermedio, etc. La Fábrica del Sello continuaría funcionando en la Casa de Moneda, con administraciones separadas hasta 1893, fecha en que se fusionaron ambas dando lugar a la actual Fábrica Nacional de Moneda y Timbre. Bajo el reinado de Alfonso XII (1874-1885) la Junta de Fomento se reunió el 2-X-1875, para informar que la urbanización de la zona, con motivo de la construcción de la biblioteca y Museo Nacional, producía un desnivel de la calle de Jorge Juan con respecto a la puerta de entrada en la Casa de Moneda, por lo que se procedió al cierre de dicha puerta y a la apertura de una nueva en la calle de Serrano, conocida como puerta de Carros. En 1891 se habilitó un presupuesto de 300.000 pta para la adquisición de nueva maquinaria para el taller de acuñación, con objeto de elevar la producción de moneda: dos prensas de acuñación sistema Thonelier, dos máquinas automáticas de corte de cospeles, una máquina de vapor Compound de la Casa Sulcer Hnos. de 50 CV, que substituyó a las dos primitivas de 25 CV, ocho hornos de fundir de sistema Pitt con sus rieleras, grúas y carros, dos tornos para el taller mecánico y diversos instrumentos para el laboratorio de ensayos. La diversidad y complejidad de las labores encargadas

a la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre exige una reorganización estructural, llevada a cabo en 1893, que afectaba, entre otros, al departamento de grabado que pasó a convertirse en Centro Artístico de Grabado y Reproducción, del que dependen, además de la instrucción de grabadores, todas las labores de grabado en hueco, en dulce y tipográfico, las labores de reproducción de los útiles necesarios para la fabricación de monedas, medallas, sellos de correos, timbres y papel del Estado, la custodia de los mismos, así como de las colecciones antiguas de monedas, medallas, modelos, libros y grabados, su ordenación y relación y el control y examen de los útiles de fabricación y productos elaborados. Por R.D. de 19-XII-1893 fue nombrado grabador jefe del Centro Artístico Bartolomé Maura, alumno de Madrazo y académico de Bellas Artes. La adopción progresiva de la electricidad en España, a partir de 1900 y como consecuencia de la modernización de la industria, obligó a la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre a contratar con la Unión Eléctrica Madrileña S.A. la electrificación de la maquinaria movida por electromotores y que a estos efectos había sido adquirida en 1922. Conforme se iba deteriorando la maquinaria movida a vapor era substituida por nueva maquinaria eléctrica, hasta que en 1927 habían sido electrificados todos los servicios. El aumento de la producción y de las instalaciones de nueva maquinaria exigía un edificio más amplio, por lo que se adquirió en 1925 para su construcción un terreno en la avenida de Reina Victoria, propiedad de la Compañía Urbanizadora Metropolitana, que en 1943 fue cedido a instancias de la Dirección General de Propiedades y Contribución Territorial y que actualmente ocupa la Delegación de Hacienda y el Servicio Nacional de Loterías. Por jubilación de Bartolomé Maura accedió al cargo de grabador principal Enrique Vaquer, que grabó los cuños para las monedas de los últimos años del reinado de Alfonso XIII (1886-1931). Su importancia como grabador jefe y la de sus sucesores en el cargo, queda ensombrecida por la de otros cargos en la administración de la Fábrica, debido por una parte a la producción masiva y acelerada que no permite mantener la calidad del diseño, y por otra la pluralidad de servicios que exige una administración compleja. Durante la Guerra Civil (1936-1939), el gobierno de la II República trasladó temporalmente la fabricación de moneda a Valencia, mientras que en la zona nacionalista se estableció la de monedas y billetes de Burgos, destacando como grabador José Luis Sánchez-Toda. Tras la guerra, el gobierno del general Franco, para remediar la escasez de numerario, ordenó gradualmente emisiones de moneda en las que la tipología y metales utilizados rompían con la línea anterior, inspirándose más en las acuñaciones europeas que en la tradición española. El cargo de grabador jefe fue ocupado por Carlos Mingo, a quien sucedió en 1949 Manuel Marín hasta 1979 en que, por jubilación, accedió al cargo Francisco Martínez Tornero. La absorción por la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre (5-IV-1940) de la Imprenta Nacional y de la fabricación de billetes de banco –con lo que quedó establecida como único servicio de fabricación y estampación de billetes de banco–, replanteó la urgencia de un nuevo edificio, por lo que en 1945 la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre adquirió a la empresa Goya Grabados un solar edificado que ocupaba la manzana limitada por las calles de Jorge Juan, Doctor Esquerdo, Duque de Sesto y Fuente del Berro, y que fue ampliado con la adquisición de terrenos colindantes en años sucesivos, hasta 1952 en que se empezó a construir el actual edificio de 300 m de fachada y 84,60 m de profundidad. Con el fin de atender la edificación y sus instalaciones, se creó la Comisión Ponente de Obras y la sección Nueva Fábrica, para cuya dirección se nombró al arquitecto de la Dirección General de Propiedades y Contribución Territorial Miguel Duran Salgado, que al fallecer, en 1950, fue substituido por el arquitecto Luis García de la Rasilla y Navarro-Reverter. Intervinieron en la construcción del edificio los arquitectos Juan de Haro Piñ ar, José Antonio Reyero, José María de Diego y Ricardo Mexía, y los escultores y pintores Fernando Jesús, Fernando Somoza y José Luis López-Sánchez. Hasta 1962 no quedaron instalados definitivamente todos los servicios, que fueron incorporándose de forma paulatina hasta su inauguración, el 11-VII-1964. En 1990, la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre produjo 2.400 millones de cartones de bingo, 1.400 millones de boletos de apuestas, 1.400 millones de sellos de correos, 500 millones de monedas, 500 millones de billetes de banco y 470 millones de sellos de apuestas. En la misma fecha ocupaba el sexto puesto en la clasificación de su sector con unos ingresos de 23.800 millones de pta y una plantilla superior a los dos mil empleados.

Bibliografía

. F. García Patón: Memoria sobre fabricación y casas de moneda (1895), y La fabricación de las monedas (1903); A. Plañiol: Casa de la Moneda de Madrid (1917); F. de Aristizá-bal y Samper: Labores efectuadas deacuñación y recopilación de la legislación que a ellas se refiere hasta el año 1942 inclusive (1943); R. Duran González: “Historia de la Casa de Moneda y Timbre” (Numisma, 132-137, 1975), y A. R. de la Catalina: La antigua ceca de Madrid. Aproximación a su historia (1980).

 http://www.mienciclo.es/gee/index.php/Fábrica_Nacional_de_Moneda_y_Timbre_(FNMT) – Gran Enciclopedia de España

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Muchas de las monedas halladas en tumbas antiguas podrían haber sido usadas como amuleto

Publicado el 31/01/2012 por Numisma.org
Muchas de las monedas encontradas en las tumbas excavadas podrían haber sido utilizadas a modo de talismán y no como el óbolo de Caronte. Así lo señala un estudio elaborado por investigadores del grupo HUM-440 de la Universidad de Cádiz que trabajan actualmente en el proyecto ‘Moneda para el más allá. Estudio diacrónico del uso y significado de la moneda en las necrópolis de Gadir, Malaca y Ebusus’, financiado por el Plan Nacional de Investigación Científica, Desarrollo e Innovación Tecnológica del extinto Ministerio de Ciencia e Innovación. Este trabajo, que coordina la profesora Alicia Arévalo, busca documentar arqueológicamente la presencia de monedas en las necrópolis de las antiguas ciudades de Gadir (Cádiz), Malaca (Málaga) y Ebusus (Ibiza), además de analizar su significado.
Hasta ahora casi siempre se ha vinculado la aparición de la moneda en una tumba con el óbolo, ya que estas monedas, puestas en la boca del cadáver, simbolizaban el pago que los difuntos debían realizar a Caronte para poder pasar a través del río Aqueronte al Más allá. No obstante, «no siempre la moneda en una tumba tiene que ser interpretada de esta forma. Aquí, en Cádiz, por ejemplo, es muy frecuente que aparezcan monedas cada vez que se excava una necrópolis y muchas se han mostrado dispuestas en determinadas partes del cuerpo como pelvis, pies o capacidad torácica», explica Arévalo. Así, «es posible que la moneda cumpliera otra función: el papel de talismán, de amuleto protector, ya que la moneda también estaba considerada un objeto sagrado al tener representada la divinidad».
Las monedas aportan siempre datos significativos sobre las creencias religiosas de las civilizaciones, su función en el ámbito funerario y sus diferentes usos en el ritual y en la liturgia. Estos aspectos no han sido tratados con profundidad hasta ahora, ya que, según la experta, «a menudo se aplica cierta vaguedad conceptual, derivada de un tratamiento poco sistemático y actualizado».
Para ello, se ha creado un equipo de investigación interdisciplinar de arqueólogos, filólogos y numismáticos que trata de reunir todas las evidencias arqueológicas disponibles al respecto y proceder a su interpretación histórica.
Una ‘hucha’ hallada en Cádiz
Además, desde el grupo HUM- 440 de la UCA se quiere señalar que «igual que existía la creencia de que al difunto había que darle comida para que éste partiera hacía el más allá, también había que darle un bien material como el dinero. De hecho, en Cádiz han aparecido los restos de lo que podría haber sido una especie de hucha junto a la que ha encontrado un conjunto de 34 monedas, todas ellas documentadas de manera fragmentada».
De este modo, puede existir una variedad de significados asociados a la moneda en el mundo funerario que en un primer momento el equipo de investigación ha centrado en Gadir (Cádiz). «Queremos comparar este caso con el de dos necrópolis púnicas más como Malaca (Málaga) y Ebusus (Ibiza) porque son ciudades de antigua raigambre semita», afirma Alicia Arévalo.
El intervalo cronológico del estudio se centra entre la fase tardo-púnica y finales del Mundo Antiguo, lo que permitirá valorar diacrónicamente el proceso a lo largo del tiempo, especialmente atendiendo a tres etapas: protohistórica (ss. IV -III a.C.), romana (s. II a. C. – III d. C.) y tardoantigua (ss. IV – VII d. C.). La idea de los investigadores es cotejar lo ocurrido en estas necrópolis con otras que sean de tradición ibérica o celtibérica e investigar los cambios producidos a partir de la presencia romana.

Fuente.-31.01.12 – 02:43 – LA VOZ | CÁDIZ. – http://www.lavozdigital.es/cadiz/v/20120131/sociedad/muchas-monedas-halladas-tumbas-20120131.html

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HISTóRICOS BILLETES BOLIVIANOS

Publicado el 30/01/2012 por Numisma.org

Dinero con valor histórico

Imagínese que encuentra un billete antiguo. A simple vista es un pedazo de papel que podría haber estado años perdido en el rincón del baúl que escondía la abuela en el depósito y que luego de décadas saliera a la luz.

Seguramente si usted no conoce nada sobre numismática podría creer que el billete no tiene ningún valor y lo deje guardado como un recuerdo; pero en cambio para una persona que conoce acerca del valor histórico de ese papel moneda este hallazgo podría convertirse en un gran tesoro, y en el mejor de los casos ésta podría ser la pieza faltante en su colección privada.

Los conocedores saben que el secreto real del valor de estos billetes no se encuentra en el estampado numerario que ostenta, sino en la historia que se tejió antes y través de su circulación en la sociedad.

En la antigüedad no existía el dinero y la adquisición de bienes se realizaba simplemente a través del cambio directo de mercadería por mercadería, es decir, el trueque; pero conforme las sociedades fueron desarrollando las necesidades se incrementaron, por lo cual se hizo necesario un medio de intercambio generalizado es así cómo fue desarrollando el concepto de dinero.

Billetes centenarios

La situación no fue diferente para Bolivia. En la naciente tierra de la libertad, el dinero no era un concepto ignorado, más al contrario existía un intercambio saludable y óptimo de monedas y poco a poco fueron incursionando los billetes.

Fernando Molina Butrón, presidente de la Sociedad Numismática de Bolivia asegura que los primeros billetes que circularon en este país fueron impresos en 1866 en la República de la Argentina. “Una de las principales características de estos billetes era la ostentación de litografías argentinas, se considera que éstos fueron impresos específicamente para su intercambio con monedas de plata y posiblemente por ello se deba a la exclusividad de su circulación como moneda en los departamentos de Potosí y Sucre”, asegura Molina.

Asimismo, afirma que hasta la fecha no se encontró el decreto o ley nacional que autorizó la impresión de estos billetes; sin embargo, se convirtió en un tipo de cambio de moneda muy habitual.

Lo que sí se sabe es que en aquel entonces la Argentina tenía necesidad de promover su economía debido a la realización de intercambios comerciales que realizaba con Inglaterra, y que por ello se había quedado sin moneda circulante, por lo tanto, las monedas de plata les dieron un empuje relevante a su economía.

Debido a su rareza es que los coleccionistas actuales tratan de poseer uno de estos billetes centenarios, no importa en las condiciones que éste se encuentre.

Dinero privado

Bernardo Rico Araníbar, past presidente de la Sociedad Numismática de Bolivia, asegura que la primera orden de publicación de los billetes nacionales se dio en 1866 durante el gobierno de Mariano Melgarejo; el cual empezó a circular el 24 de enero de 1867 cuando se creó el Banco Boliviano. Esta primera impresión de billetes estuvo a cargo de la National Company of Bills de Nueva York en valores de 10, 20, 50 y 100 pesos.

No pasó demasiado tiempo para que este mismo Gobierno autorizara mediante un decreto a los bancos privados la impresión de sus propios billetes. Sin embargo, esta emisión debía estar respaldada por oro; si la entidad bancaria se negaba era investigado y podía ser cerrada.

El numismático asegura que la impresión de este tipo de billetes se realizó desde 1867 hasta 1911, y ya en 1928 se fundó el Banco Central de Bolivia, con lo que defitinitivamente ya no se autoriza la circulación de otro tipo de billete.

la banca privada

A partir de 1867, los bancos locales comenzaron a sacar sus propios billetes y uno de los primeros fue el Banco de Francisco Argandoña; así también en 1900, el Banco Comercio emitió billetes propios en cortes de 1 y 5 bolivianos. El mismo año lo hizo el Banco Industrial de La Paz; el Banco Agrícola y el Banco Mercantil en cortes de 1, 5, 10, 20, 50 y 100 bolivianos.

Durante este periodo más de una docena de bancos emitieron billetes extraordinariamente raros, cuyo valor va más allá del rol económico.

Es así como varios bancos nacionales tuvieron cierto protagonismo; entre ellos podemos nombrar a Francisco Argandoña, que sacó dos series, en la primera se presenta el Castillo de La Glorieta, es decir, su propia casa y en la segunda, en un billete de corte de cinco, salía el propietario junto a su esposa, denominada la princesa.

Asimismo, se sabe que estos billetes no tenían mucha aceptación a nivel nacional puesto que sólo contaba con una sucursal de cambio en Sucre y en los otros departamentos el cambio de moneda se realizaba hasta en 6 por ciento menos de su valor real y por ende la gente no quería recibirlos y por lo tanto no le otorgaba el valor correspondiente.

Otro de los casos relevantes es la emisión que realizó el Banco Mercantil, propiedad del Barón del estaño, Simón I. Patiño, quien realizó algunas extravagancias en la emisión de sus billetes, por ejemplo:

A sus hijas Graciela y Elena, y a su amada esposa las colocó en el billete de 100. Asimismo, el Banco de Comercio, con sede en Oruro, también lanzó algunos billetes bastante peculiares que sólo tuvieron circulación en dicha ciudad, señala el especialista Bernardo Rico; y por esta razón son piezas más cotizadas tanto a nivel nacional e internacional.

Rico asegura que otra de las joyas dentro del mundo de la numismática boliviana son los billetes emitidos en 1945 y en 1962, puesto que cada una de ellos tenía dos impresiones, las cuales variaban de acuerdo a la casa de impresión que se empleó. La diferencia más notoria se encuentra en el tamaño, pero mantenían el monto y el color anterior.

Cabe recalcar que la primera emisión de 1962 tenía otra peculiaridad, este billete ostentaba una doble denominación, es decir, que tenía impreso su valor de dos maneras, una era de 20 pesos bolivianos y la otra 20 mil pesos y ya en la segunda se suprime una de ellas. Es por ello que la primera emisión de billetes de esta época es la más buscada.

Últimos billetes privados

En 1911, fue creado el Banco de la Nación Boliviana que se convirtió en uno de los bancos privados más importantes, tanto así que en 1914 durante la presidencia de Ismael Montes, se ordenó que la emisión de billetes sea otorgada de forma exclusiva a dicha entidad bancaria.

Bernardo Rico asegura que una de las primeras medidas implementadas por dicha entidad fue recuperar los billetes de los otros bancos de circulación nacional y procedió a destruirlos incinerándolos. “Ésta es una de las razones para que buena parte de los modelos se haya perdido”, aseguró el numismático.

En 1928, se creó el Banco Central de Bolivia, en base al Banco de la Nación Boliviana, y nuevamente el destino de los billetes se vio modificado. Esta vez la nueva entidad se encargó de aglutinar los billetes emitidos por su antecesor, Banco de la Nación Boliviana, y los selló con diferentes colores de acuerdo a su valor.

Con la creación del Banco Central de Bolivia también se dispuso la emisión de nuevos billetes con dimensiones más grandes y de corte de 10, 20, 50, 100, 500 y 1.000 bolivianos. En esta oportunidad el banco eligió a American Bayoneta Company de Nueva York para la impresión de los billetes.

En los primeros diseños aparece la imagen de Simón Bolívar, el Cerro Rico de Potosí y el escudo de Bolivia y se eligieron colores llamativos para los nuevos billetes, como: el azul, verde, naranja, café y lila.

A partir de entonces la impresión de moneda nacional está bajo la jurisdicción de este banco y aún se mantiene hasta nuestros días.

Fuente.- Revista Así
Por: TEXTOS. JIMENA Núñez LaRrAíN FOTOS. ruben rodriguez y Martín NUMBELA | 29/01/2012c http://www.opinion.com.bo/opinion/

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Breve historia de la banca en Lima hasta 1950

Publicado el 02/01/2012 por Numisma.org

Banco del Perú y Londres

 El sistema bancario del siglo XIX.- Durante los tiempos de la Independencia existió el Banco Auxiliar de Papel Moneda (1821-1824), que funcionó en la calle Melchormalo (cuadra 3 del jirón Huallaga), pero que, por prácticas inadecuadas, desapareció. Se cuenta que allí trabajó un grabador que inició la impresión de papel moneda en una máquina rudimentaria, con técnica deficiente, por lo que la falsificación llegó a extremos.

Por ello, el sistema bancario peruano tiene sus orígenes en los tiempos de la bonanza del guano, pues la fundación de los primeros bancos se asoció a la canalización de capitales orientados al negocio guanero y a la agricultura, así como a la concesión de algunos créditos o colocación de capitales en el extranjero (básicamente Europa) por parte de los empresarios (consignatarios) del guano. No es por casualidad que encontremos entre los miembros de los directorios de estos bancos encontremos los nombres de estos consignatarios.

El primer banco nació el 15 de noviembre de 1862 y fue el Banco de la Providencia, fundado por el ciudadano belga Francisco Watteau en un local de la calle San Pedro (cuadra 3 del jirón Ucayali) y con un capital de un millón de pesos; gobernaba el Perú el general Miguel de San Román. En 1868, el banco se mudó a sus oficinas definitivas en la calle Mercaderes (Jirón de la Unión 470), la más importante de la capital, local que ha sobrevivido hasta nuestros días y en las esquinas de uno de sus balcones neoclásicos (uno cerrado y el otro de antepecho) se aprecian dos caduceos (vara con dos serpientes entrelazadas), símbolos del Banco de la Providencia.

Luego siguieron el Banco del Perú (1863), el Banco de Londres (1863) el Banco de Crédito Hipotecario (1866), la Caja de Ahorros de la Beneficencia Pública (1868) y el Banco de Lima (1869). También iniciaron sus operaciones el Banco Nacional del Perú, el Banco Garantizador, el Banco Mercantil del Perú, el Banco la Patronal, el Banco de Comercio del Perú y el Banco del Callao. Todos estos bancos emitían sus propios billetes ya que, dentro del esquema liberal del XIX, la idea de introducir controles a la emisión de los bancos estaba mal vista, pues se trataba de una transacción entre el banco y el cliente que confiaba en él.

También se desarrollaron las compañías de seguros. En 1867, a pareció la primera: La Paternal. Luego le siguieron La Confianza (contra incendios), La Compañía Sudamericana de Seguros (contra riesgos marítimos y contra incendios), Life Insurance, Scotish Imperial (contra incendios y seguros de vida), la Compañía de Seguros Lima, Seguros Marítimos, Standard y London & Southwark y Sum Fire Office (contra incendios).

Todo este boom bancario entró en colapso incluso antes de la Guerra con Chile por la grave crisis económica; cuando estalló el conflicto, la mayoría quebró y desapareció, y solo sobrevivieron los que estuvieron en mejores condiciones, como el Banco del Perú y Londres y el Banco del Callao.

De la Reconstrucción Nacional a la crisis de los años 30.- Luego de la catástrofe de la guerra, el sistema bancario fue sobreponiéndose. El Banco Italiano (hoy Banco de Crédito) se inició en 1889 como una asociación de comerciantes italianos. En 1897, el Banco de Londres, México y Sudamérica se asoció al Banco del Callao dando origen al Banco del Perú y Londres, que financiaba exportaciones agrícolas de la costa norte y la costa central. En 1899, la familia Prado fundó el Banco Popular, como mecanismo para financiar las actividades empresariales del grupo familiar. El capital bancario más importante era movido por el Banco del Perú y Londres y el Banco Italiano; cada uno colocaba alrededor de un millón de libras peruanas. También en Lima empezaron otras entidades financieras privadas como la Compañía de Seguros Rímac, la Compañía Internacional de Seguros y el Banco Internacional (1899, hoy llamado Interbank),

Durante el “Oncenio” de Leguía, se quiso crear un Banco de la Nación para emitir cheques circulares y regular el circulante, labor que hasta entonces era realizada por los bancos comerciales o privados. También se ocuparía de regularizar el servicio del presupuesto (pagos y cobros) y financiar diversas obras públicas. El proyecto no prosperó. Recién el 9 de marzo de 1922 se aprobó el funcionamiento de un Banco de Reserva para organizar el sistema crediticio y la emisión monetaria. Es a partir de este momento que recién se puede hablar de una moneda nacional en el Perú. Su capital inicial fue de 2 millones de libras peruanas y su directorio lo formaban siete miembros: tres elegidos por los bancos, uno como defensor de los intereses extranjeros y tres nombrados por el gobierno. Además de tener total independencia del Ejecutivo, debía emitir billetes respaldados por oro físico, fondos efectivos en dólares y en libras esterlinas, no menores del 50% del monto de dichos billetes. Por último debía atender imposiciones de cuenta corriente de los accionistas y del gobierno, actuaría como Caja de Depósitos, podría aceptar depósitos del público pero sin intereses y negociar en moneda extranjera de oro u oro físico, además establecer los tipos de descuento.

El “Oncenio” también inauguró en el país la llamada banca de fomento, fiel al nuevo papel asignado al Estado por Leguía como principal promotor del desarrollo económico. De esta forma, en 1928 inició sus funciones el Banco de Crédito Agrícola, que debía impulsar la producción agropecuaria en el país. Lamentablemente, sus créditos estuvieron destinados a los barones del azúcar y del algodón, no así a los pequeños propietarios o a las comunidades campesinas de la sierra. Ese mismo año, se fundó el Banco Central Hipotecario para facilitar el crédito a los pequeños y medianos propietarios.

La banca, 1930-1950.- Son cuatro las características de la política bancaria en este periodo:
a. La creación de un Banco Central de Reserva (18 de abril de 1931) para mantener la estabilidad monetaria y regular el circulante, función que no tenía el Banco de reserva de 1922. Se creó así el mecanismo para que el gobierno pudiera manejar la política bancaria y el control o devaluación del tipo de cambio.
b. La formación de la banca de fomento, como Banco Agrícola (1931), Banco Industrial del Perú (1936) y Banco Minero del Perú (1942). Como dependían del BCR, privilegiaron las actividades sólidamente establecidas o aquellas que garantizaban una alta rentabilidad. En la práctica, al no democratizar el crédito, no actuaron como una verdadera “banca de fomento”. Los créditos a provincias tampoco se distribuyeron en forma homogénea: el sur andino y la amazonía, por ejemplo, estuvieron sistemáticamente desatendidos. Después de Lima (70-75%), las zonas “privilegiadas” fueron la costa norte (10%) y Arequipa (7%). Como vemos, la concentración del crédito en Lima fue demasiado alta, favoreciendo el desarrollo de la capital (centralismo) en desmedro del interior del país.
c. Mayor presencia en las finanzas de bancos nacionales: Banco Wiese Ltdo. (1943), Banco Comercial del Perú (1947), Banco Continental del Perú (1951) y Banco de Lima (1952).
d. Difusión de sucursales bancarias en nuevos puntos del territorio nacional.

El Banco del Perú y Londres.- Desde 1860, existía en Lima una sucursal del London Bank of Mexico & South America que, en 1863, abrió una oficina en el Callao. En 1876, la institución decidió liquidar la oficina del puerto y un grupo de capitalistas peruanos fundó el Banco del Callao, que sufrió las consecuencias de la guerra del Pacífico hasta que, en 1897, se fusionó con el London Bank dando origen al Banco del Perú y Londres. Con el advenimiento del nuevo siglo, bajo la gerencia de los señores Martin B. Wells y José Payán, el banco amplió su capital, creció en sus operaciones y estableció en Europa un Comité para colocar acciones en las bolsas de Londres y París. Un serio revés para la institución fue la guerra europea (1914-1918), cuando sus negocios se paralizaron. Sin embargo, gracias a la ayuda del estado y de otros bancos, se restableció su equilibrio comercial, se alejó el fantasma de la crisis y recuperó la confianza de los clientes. Fue así que abrió sucursales en Ica, Pacasmayo, Trujillo, Arequipa, Piura, Chiclayo, Cerro de Pasco, Huaraz, Iquitos, Callao y Huacho. Durante esta época, aparentemente “dorada”, su director-gerente fue el señor Pablo la Rosa, hombre de negocios de prestigio y hábil financista (en 1913 fue teniente alcalde y alcalde interino de Lima). Mientras Leguía se mantuvo en el poder, el banco funcionó con normalidad; sin embargo, luego del derrocamiento de líder de la “Patria Nueva” (25 de agosto de 1930), sufrió un pánico de retiro de fondos. Después de una moratoria que terminó en febrero de 1931, el banco fue declarado oficialmente en bancarrota y hubo de ser liquidado.

La elegante sede del Banco del Perú y Londres fue diseñada, en 1905, por el arquitecto italiano Julio E. Lattini (el mismo que proyectó el Teatro Segura) de estilo clásico; en su interior destaca una gran farola de fierro y vidrio de filiación art nuveau. El edificio está ubicado en la esquina de los jirones Huallaga y Azángaro.

El Banco Italiano.- Empezó a funcionar el 9 de abril de 1889 por feliz iniciativa de un grupo de capitalistas y comerciantes italianos afincados en el país. Su capital inicial fue de 40 mil libras peruanas que, con los progresos de la institución, se elevaron a 400 mil, la más alta capitalización suscrita en el país. En 1896, fundó la Compañía de Seguros Italia y, en 1900, estableció una sección hipotecaria anexa al banco. Sus principales operaciones se dirigieron a fomentar la agricultura y la minería y fue el primer banco en cubrir, totalmente en oro, el porcentaje que le correspondía en garantizar los cheques circulantes que emitió en 1914. Fue precursor de la legislación laboral en el Perú a raíz de la adopción, en las relaciones con su personal, de pautas de conducta respecto a los reajustes periódicos de sueldos y participación en las utilidades. A inicios de la década de 1920, ya tenía sucursales en el Callao, Arequipa, Chincha y Mollendo. Su alianza estratégica fue con la Banca Comerciale Italiana, la más poderosa empresa bancaria de Italia, cuyos negocios durante la guerra europea fueron colosales. La crisis de los años 30 no impidió que el banco siguiera ampliando su red de oficinas, implantar modernos sistemas de contabilidad, expandir sus relaciones con el exterior e introducir novedosos instrumentos de captación de depósitos como fue, por ejemplo, el “cheque limitado”; asimismo, al tiempo que apoyaba el desarrollo de las actividades privadas, otorgaba apoyo crediticio al Gobierno Central, a las empresas estatales y a las municipalidades. En vísperas de la segunda guerra europea, tuvo que sufrir la campaña contra Italia y las instituciones italianas cuyo objetivo fue, entre otros, determinar un pánico entre los clientes del banco. Afortunadamente, la campaña no tuvo éxito y el banco demostró su solidez y comprobó el arraigo que tenía entre el público; en 1939, año de sus Bodas de Oro, contaba con 30 sucursales al interior del país. En 1941 cambió su razón social por Banco de Crédito del Perú.

Su primera oficina estuvo en la esquina Banco del Herrador y San Pedro (actual Lampa 499). Para conmemorar los 40 años de existencia de la institución, se construyó su sede definitiva: el elegante edificio del Banco Italiano, terminado en 1929 y diseñado por el arquitecto Ricardo Malachowsky, fue un claro ejemplo de arquitectura academicista. Destacan las grandes columnas clásicas que adornan la fachada. Según el arquitecto José García Bryce, en este edificio, Malachowsky “retomó el tema del orden gigante aplicado a ambos lados de un frente en esquina que había empleado en la década anterior en la Caja de Depósitos y Consignaciones, pero apoyando las columnas en altos pedestales y dándole al vocabulario clásico también una tónica más romana que francesa”.

Banco Internacional del Perú.- Se fundó el 1 de mayo de 1897 e inició sus operaciones el 17 del mismo mes con un directorio presidido por Elías Mujica; su capital inicial fue de 50 mil libras peruanas. En 1934, comenzó su proceso de descentralización administrativa, siendo Chiclayo y Arequipa las primeras agencias en abrirse, seguidas un año después por las de Piura y Sullana. En el pasado, el accionariado del banco incluyó capitales vinculados a la agroindustria, como la Fabril S.A. y W.R. Grace Co. En la década de los setenta, el Chemical Bank de Nueva York participó en el accionariado y fue responsable de la gerencia del banco. En 1970, el Banco de la Nación adquiere el mayor porcentaje de las acciones del banco, convirtiéndose de esta forma en miembro de la Banca Asociada del país. En 1980 el banco pasó a llamarse Interbanc. El 20 de julio de 1994, un grupo financiero liderado por Carlos Rodríguez-Pastor Mendoza, e integrado por grandes inversionistas, como Nicholas Brady (ex Secretario del Tesoro de los EEUU), entre otros, se convirtió en el principal accionista del banco al adquirir el 91% de las acciones disponibles. En 1996 se decidió cambiar el nombre a Interbank.

Su primera sede estuvo ubicada en la calle Espaderos, Jirón de la Unión, en la hoy llamada Casa O’Higgins. Luego, la política de expansión del banco hizo que, en 1942, se adquirieran dos propiedades, una en la Plazuela de la Merced y otra en la calle Lescano, donde se construyó el edificio “Sede La Merced”, cuyos bellos acabados han llevado al Instituto Nacional de Cultura a catalogarlo como Monumento Histórico. Arquitectos: Rafael Marquina y José Álvarez-Calderón; contratistas: Fred Ley & Co (en revista El Arquitecto Peruano, marzo 1944).

Banco Popular del Perú.- Fue fundado el 13 de septiembre de 1899 con un capital de 200 mil libras peruanas y realizaba, en teoría, toda clase de operaciones. Al momento de su creación, tuvo el carácter de una cooperativa con el objeto de otorgar crédito a sus propios socios por medio de lo que en los estatutos se denominó la mutualidad; en 1901, pasó a constituirse como sociedad anónima de responsabilidad limitada, año en que también asume la presidencia del banco Mariano Prado y Ugarteche y se inicia la influencia de esta familia en los destinos de la institución. En un principio, el banco financiaba, primordialmente, a medianos y pequeños agricultores de los valles cercanos a Lima y a industrias asentadas en la capital. Luego intervino en diversas operaciones vinculadas a la recaudación de impuestos, lo que fue su negocio más rentable por las comisiones que le cobraba al estado. Luego, en 1905, participó en la creación de la Caja de depósitos y Consignaciones, institución que debía ocuparse de custodiar gratuitamente los valores cuyo depósito fuera ordenado o aceptado por el poder Judicial o por las diferentes oficinas de la administración pública. Entre 1936 y 1943, la participación del Banco Popular muestra una tendencia ascendente que hace casi triplicar su peso dentro de la banca comercial pasando a representar, en términos relativos, del 10 al 27% del total del capital y reservas del sistema financiero; es el periodo en que los Prado pasan a controlar directamente la entidad beneficiando a las empresas vinculadas a su grupo empresarial (el llamado “Imperio Prado”).

Su local principal fue el edificio neoclásico en la esquina de Melchor Malo y Beytia (Huallaga con Azángaro). Hoy, edificio “Fernando Belaunde Terry” del Congreso de la República).

Banco Alemán Trasatlántico.- Se creó en 1904 como filial del Deutsche Bank en Sudamérica. Tuvo sucursales en varios países de América, como México, Uruguay, Brasil, Chile, Perú y Argentina. En Buenos Aires su primera casa matriz abrió el 5 de agosto de 1887; Santiago de Chile, la filial abrió en enero de 1896; y, en 1911, llegó a Río de Janeiro. Llegó a tener 23 sucursales: Buenos Aires, Bahía Blanca, Córdoba, Mendoza, Tucumán (Argentina); Santiago, Antofagasta, Osorno, Iquique, Arequipa, Temuco, Valdivia y Concepción (Chile); Lima, Callao, Trujillo y Arequipa (Perú); Montevideo (Uruguay); Barcelona y Madrid (España); y Río de Janeiro (Brasil). Hacia 1908 tenía un capital de 30 millones de marcos y, en 1921, llegó a tener 630 millones de marcos. La sucursal de Lima fue abierta el 15 de junio de 1905 por el señor Paul Richarz; en 1921, su gerente era el señor Heinrich Börsing y los subgerentes eran Carlos Ledgard y Paul Schmidt. En 1942, durante la Segunda Guerra Mundial y producto del rompimiento de relación del Perú con Alemania, el banco dejó de funcionar debido a una artimaña legal. El 31 de diciembre de 1941, el Poder Ejecutivo cambió el artículo 18 de la Ley de Bancos: las empresas bancarias nacionales solo podían tener, en adelante, un nombre en idioma castellano, sin referencia alguna a país extranjero. Esta norma tuvo dos claros afectados: el Banco Italiano y el Banco Alemán Transatlántico. Este último no se adecuó a la norma, y, el 15 de septiembre de 1942, se ordenó a la Superintendencia de Bancos tomarlo bajo su administración como paso previo a su liquidación.

Su elegante sede estuvo en la calle de Coca 429 (cuarta cuadra del jirón Carabaya); luego lo ocupó el Banco Central Hipotecario del Perú.

Banco Anglo Sudamericano.- Nació en 1889 con la denominación de “Banco de Tarapacá y Londres”, con un capital de 200 mil libras esterlinas. Su matriz estaba en Londres y tenía sedes en Valparaíso, Pisagua e Iquique; nació con el objetivo de facilitar el comercio del salitre con Gran Bretaña. El éxito de sus negocios hizo que se aliara con el “Banco Anglo-Argentino”, pasando a llamarse “Banco de Tarapacá y Argentina” y con un capital de un millón u medio de libras esterlinas. En 1904, abre una sucursal en Hamburgo y, en 1907, cambia su denominación por “Banco Anglo Sudamericano”, abriendo otra oficina en Nueva York; en 1912, absorbe al “London Bank of Mexico & South America” y abre una sucursal en París. Durante los años de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), teniendo en cuenta la importancia del mercado español para el aprovisionamiento de los países aliados, abre oficinas en Barcelona, Madrid y Bilbao, con estupendos resultados, tanto es así que adquiere el 93% de las acciones del “Commercial Bank of Spanish America”, que contaba con sucursales en Colombia, Ecuador, Venezuela y Centroamérica. La oficina de Lima se abrió el 2 de enero de 1920, cuando el banco ya tenía 45 en América, 11 en Europa y un capital de 13 millones de libras esterlinas. Aparte de las operaciones normales de todo banco, se encargaba de compra y venta de valores sujetos a las exigencias de la Bolsa de Londres y otros países. Su casa matriz estaba en Londres (62, Old Broad St.).

Su edificio era de estilo neoclásico francés y estaba ubicado en la segunda cuadra del jirón Azángaro, donde luego se levantó el edificio Gildemeister.

El Citibank.- En 1920, cuando gobernaba el Perú el presidente Augusto B. Leguía, abrió sus puertas en Lima The National City Bank of New York con un capital inicial fue de 2 millones de soles. La llegada del Citibank no fue casual. El régimen de Leguía abrió las puertas a la inversión norteamericana en nuestro país, tanto para el sector privado como para la implementación de obras públicas impulsadas por el estado. De esta manera, el nuevo banco enfocó sus actividades recibiendo depósitos de terceros e invertirlos en colocaciones, así como prestar otros servicios bancarios, dinamizando el comercio con los Estados Unidos de Norte América y aportando capitales para diferentes obras de aliento emprendidas por el régimen de Leguía, como carreteras y diversas obras de infraestructura urbana. También fue accionista del recién creado Banco de Reserva del Perú, en 1921. Como se trataba de una institución, cuya matriz estaba en Nueva York, los directores del banco eran ciudadanos norteamericanos que residían en Lima por temporadas según su contrato laboral.

La solidez del Citibank se puso a prueba cuando estalló la crisis financiera mundial de 1929 que, como sabemos, significó la virtual quiebra de la Bolsa de Valores de Nueva York. En el Perú, mientras unos bancos desaparecían o se fusionaban, el Citibank no solo siguió funcionando sino que se adaptó a la reforma del sistema financiero y bancario que hizo el estado peruano en 1931; por ejemplo, la obligación de realizar el “encaje” bancario en el Banco Central de Reserva y someterse al férreo control de recién creada Superintendencia de Banca y Seguros. Siempre en su amplio local del edificio “Italia”, el Citibank formó parte de la llamada “banca comercial” hasta 1960: su actividad se concentraba en operaciones corrientes de depósito, descuento a corto plazo y servicios bancarios a un grupo selecto de empresas. Cabe subrayar que su cartera de clientes era reducida (solo empresas norteamericanas); además, el banco también prestaba dinero a otros bancos (“banco de bancos”).

Su primera sede fue una modesta oficina ubicada en la Plazuela del Teatro (frente al Teatro Segura). Luego, en 1922, el Citi se mudó al elegante edificio “Italia”, de estilo neoclásico, en la esquina de las calles Coca y Jesús Nazareno (hoy cruce de los jirones Miro Quesada y Carabaya). Afortunadamente, este edificio aún lo podemos observar en nuestro centro histórico: un local construido especialmente para una entidad bancaria, con la amplitud suficiente para la instalación de sus oficinas y para servir debidamente a sus clientes.

Banco de Reserva del Perú.- Por iniciativa de los bancos privados, el 9 de marzo de 1922 se creó esta institución con el fin de regular el sistema crediticio y emitir en forma exclusiva los billetes. Casi un mes después, el 4 de abril de ese año, la institución inició sus actividades; su primer presidente fue Eulogio Romero y, su primer vicepresidente, Eulogio Fernandini y Quintana. Luego de la Gran Depresión de 1929, los efectos de la crisis mundial se dejaron sentir en el sistema bancario peruano. La caída de los precios internacionales y las restricciones al crédito internacional, dificultaron el financiamiento del gasto público y generaron una fuerte depreciación de la moneda nacional. Por ello, a finales de 1930, el entonces presidente del banco, Manuel Olaechea, invitó al profesor Edwin W. Kemmerer, reconocido consultor internacional para enfrentar esta crisis. De esta manera, en abril de 1931, el profesor Kemmerer, junto a un grupo de expertos, culminó un conjunto de propuestas en 11 documentos: 9 proyectos de ley y 2 informes, tanto en materia fiscal como monetaria. Uno de estos proyectos planteó la planteó la transformación del Banco de Reserva en el Banco Central de Reserva del Perú. La propuesta planteaba, entre otros aspectos, un aumento de capital, un cambio en la composición del Directorio y considerar, como función principal de la nueva entidad, la estabilidad monetaria y mantener la exclusividad de la emisión de billetes (regular el circulante); en este sentido, el valor del sol peruano, su relación con otras monedas, era determinado por esta reforma. El 18 de abril fue aprobada la iniciativa y, el 3 de septiembre de 1931, se inauguró oficialmente el BCR y se eligió a Manuel Augusto Olaechea como su primer presidente y a Pedro Beltrán como vicepresidente.

La sede del Banco de Reserva fue construida por la empresa Fred T. Ley; esquina Lampa con Ucayali, hoy Museo del Banco Central de Reserva.

Banco Gibson.- Se fundó en 1928 en Arequipa y tuvo una sede en Lima, cuyo edificio aún puede observarse en la calle del general La Fuente (casona pintada de naranja, quinta cuadra del jirón Camaná, antes de llegar a Emancipación). En 1961, fue absorbido por el Banco de Crédito del Perú.

Banco Central Hipotecario del Perú.- Fundado por Leguía el 9 de marzo de julio de 1929 después de un dilatado periodo de preparación en el que participaron los banqueros norteamericanos Seligman y las instituciones bancarias nacionales cuyas secciones hipotecarias debieron ser traspasadas al nuevo banco. Se constituyó con un capital de 1 millón 200 mil libras peruanas a ser suscrito, en partes iguales, por el gobierno, los bancos hipotecarios establecidos y los particulares.
Banco de Crédito Agrícola.- Se fundó el 16 de marzo de 1928 con un capital de 500 mil libras peruanas otorgadas por la comisión que estaba organizando el Banco Central Hipotecario. Su importancia no fue mucha en un comienzo debido a la crisis del año 30, pues no pudo “salvar a los agricultores de las dificultades en que se encuentran para hacer sus sembríos con la amplitud y oportunidad requeridas”. Por ello, en 1931, se creó la Junta de fomento Agrícola del Perú para “atender, mediante organizaciones adecuadas, al suministro de crédito agrícola en los lugares de la República que estime convenientes y, forzosamente, en Lima, Arequipa, Chiclayo, Cuzco e Iquitos”. Pese a todas estas medidas, era claro que en la creación de este banco hubo mucha improvisación, como opinaron las entidades bancarias privadas. De otro lado, no pudo expandirse adecuadamente y tuvo que ser asesorado por el Banco Italiano y atender usando sus oficinas en varios lugares de la República.

Banco Industrial del Perú.- Se creó el 30 de enero de 1933 “con la finalidad exclusiva de proteger la producción de los artículos que se importen, ya sea estos agrícolas, ganaderos o manufactureros y que, técnica y económicamente, se pueda producir en el Perú. Sin embargo, a pesar de su creación, la instalación del nuevo banco demoró más de tres años pues recién inició sus operaciones en septiembre de 1936 “para dar impulso a las industrias del país y fomentar su mejor desenvolvimiento”. Su funcionamiento fue muy lento y sus operaciones de crédito fueron reducidas, al menos en los difíciles años 30.

Banco Wiese Ltdo.- Fue fundado el 2 de febrero de 1943 como banca múltiple por los hermanos Augusto y Fernando Wiese Eslava; su edificio, diseñado por Enrique Seoane Ros, estuvo ubicado en la esquina del jirón Lampa con Emancipación (hoy, Supermercados “METRO”).
Banco Comercial del Perú.- Fundado en 1947 por el empresario Alejandro Bertello con un capital de 10 millones de soles; su edificio estaba ubicado en la calle Jesús Nazareno 139-151 (hoy jirón Antonio Miro Quesada).

Fuente.- Juan Luis Orrego Penagos – http://blog.pucp.edu.pe/item/150476/breve-historia-de-la-banca-en-lima-hasta-1950

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