volver a numisma.org

El gigantesco Virreinato del Río de la Plata

Marzo 6th, 2010 Escrito en Argentina, Bolivia, Paraguay | No Comments »

Una jurisdicción administrativa que abarcaba no solo la actual República Argentina, sino también las actuales Bolivia, Uruguay y Paraguay.

En las décadas finales del siglo XVIII, la actual República Argentina constituía el Virreinato del Río de la Plata. Pero el inmenso territorio de esa jurisdicción abarcaba mucho más. En realidad, comprendía también las actuales repúblicas de Bolivia, hacia el norte, y de Paraguay y de Uruguay, hacia el este. Es decir que, abarcaba “desde el Desaguadero, cerca del Cusco, hasta el Cabo de Hornos, por el sur, y desde las más altas cumbres nevadas de los Andes hasta las fronteras portuguesas con el Brasil, y hasta el océano”.

El rey de España -amo absoluto de estas tierras, a quien asesoraba el Consejo Real y Supremo de Indias- había creado la magna división administrativa, desgajándola del Virreinato del Perú, al que había pertenecido hasta entonces. Alentaba varios propósitos. Estos iban desde la necesidad de frenar la penetración portuguesa en el Plata y preservar el océano Atlántico de los extranjeros, hasta el no menor requerimiento de mejorar la administración de sus enormes posesiones en esta parte del mundo.

Al principio, en 1776, la creación fue provisoria, y se nombró “virrey, gobernador y capitán general” a don Pedro de Cevallos. Pero al año siguiente, y a pesar de que los problemas militares habían sido resueltos, la corona dispuso que el Virreinato sería definitivo, con su capital en Buenos Aires. El primer virrey titular fue Juan José de Vértiz, primero de los once que gobernaron desde esa ciudad hasta 1810.

Algún historiador ha hecho notar que en tal rol de cabeza que se otorgó a Buenos Aires (que en ese momento no era la región más importante de la actual Argentina) puede verse el comienzo del proceso de desequilibrio que aqueja a nuestro país. Tan grande era, en efecto, el poder del virrey, que todo iba a deformarse desde entonces en beneficio de la ciudad en que aquel residía.

A la creación del Virreinato seguiría, en 1782-83, otra medida administrativa muy importante: la implantación del sistema de Intendencias. De acuerdo a una ordenanza del monarca, el Virreinato quedó dividido en ocho de ellas: la Intendencia de Buenos Aires, que era a la vez capital del Virreinato; la Intendencia de Salta del Tucumán (con capital en Salta y jurisdicción sobre ella, Jujuy, San Miguel de Tucumán, Santiago del Estero y Catamarca); la Intendencia de Córdoba del Tucumán (que abarcaba Córdoba, como capital, Mendoza, San Juan, San Luis y La Rioja).

Las otras eran la Intendencia de Asunción del Paraguay, la Intendencia de Cochabamba, la Intendencia de La Paz, la Intendencia de La Plata y la Intendencia de Potosí, con los gobiernos subordinados de Montevideo, Las Misiones, Moxos y Chiquitos.

Cada una de estas divisiones estaba regida por un “gobernador intendente”, quien podía nombrar subdelegados. Junto con el sistema intendencial, se creó la Junta Superior de la Real Hacienda. El intendente dependía del Superintendente de la Real Hacienda. Pero, como el sistema se encajó sin modificar el anterior, el virrey mantenía cierta supremacía sobre aquel funcionario, y tuvieron frecuentes roces por cuestiones de rango.

Se ha valorizado todo esto señalando que “bajo el aspecto político y administrativo, la colonia española del Río de la Plata tuvo, en el virrey, la unidad de régimen político; y en los gobernadores intendentes, la descentralización en la diversidad de los gobiernos locales”. Lo que “habría de ser, más tarde, semilla de sus libertades populares y fuente principal del sistema federal de gobierno”.

Los virreyes tenían un formidable poder en todos los terrenos. Ganaban fantásticos sueldos: 40.000 pesos anuales era la retribución del de Buenos Aires. En realidad, eran “reyes en pequeño”. En torno suyo se constituía una verdadera corte, con todas sus etiquetas: en Lima, esto llegó a verdaderos extremos de lujo y corruptela. Su autoridad prácticamente no tenía límite. Eran jefes supremos de las fuerzas armadas de tierra y mar, y tanto podían distribuir nombramientos militares como dictar indultos o sobreseimientos en causas criminales.

Claro que las leyes establecieron respecto de los virreyes una serie de prohibiciones personales. Por ejemplo, les estaba vedado adquirir propiedades dentro de su jurisdicción. Tampoco podían casarse con mujeres que residían en la misma, ni ser padrinos de casamiento o de bautismo.

Por cierto que debían obedecer las disposiciones que el monarca y el Consejo enviaban desde España. Pero, como estas autoridades estaban demasiado lejos, a veces resolvían unilateralmente que el cumplimiento no convenía: al pie de la cédula real, escribían la providencia “guárdese y cúmplase”. Que, según la ironía de un contemporáneo, en los hechos significaba “guárdese en el archivo y cúmplase con sólo haberla leído”. Es decir, se la acataba pero no se la ejecutaba. De más está decir que estas corruptelas desnaturalizaron con demasiada frecuencia las leyes, en su mayoría bien intencionadas, que quedaron así reducidas a la mera letra.

En teoría, el virrey duraba cinco años en su cargo, pero el rey podía tanto removerlo cuando quisiera, como dejarlo en la función mucho tiempo después de aquel plazo.

Al término de su gestión, el virrey debía someterse al llamado “juicio de residencia”, que en principio abarcaba a todo funcionario y luego se redujo a los de muy alto rango. Un oidor enviado por el monarca convocaba a presentarse a todo aquel que tuviera quejas contra el ex magistrado, por los actos que ejecutó durante su función. El comisionado escuchaba a los acusadores y a los defensores, y elevaba todo el expediente al Consejo de Indias, a quien correspondía el fallo definitivo. Pero, si el “residenciado” tenía buenos padrinos en España, era bastante probable que todo quedase finalmente en la nada.

Fuente.- http://www.lagaceta.com.ar/nota/367443/Informacion_General/gigantesco_Virreinato_Rio_Plata_.html

“Banco del Estado de México”, expo en el Museo de Numismática

Marzo 6th, 2010 Escrito en México, Sin categoría | No Comments »

Archivo gráfico del Sol de Toluca

Viñeta empleada en el reverso de los billetes emitidos en el Banco del Estado de México 1897. El Sol de Toluca.

La historia y registros del Banco del Estado de México integra la exposición que presenta el Museo de Numismática del Estado de México.

El Banco del Estado de México fue inaugurado en 1897, proyecto que se llevó a cabo con la Ley General de Instituciones de Crédito para autorizarse la creación de bancos en todos los estados de la República Mexicana y de esta manera surge el Banco del Estado de México durante el gobierno del general Vicente Villada que realizó oficialmente la instalación de este banco el dos de agosto de 1897, emitiendo papel moneda impreso por American Bank con denominaciones de: diez, veinte, cincuenta, cien quinientos y mil pesos.

Es importante mencionar que dentro de los datos históricos del surgimiento del Banco del Estado de México, registran que debido a la caída del Imperio de Maximiliano y con la Restauración Republicana, el billete encontró condiciones mucho más favorables a lo largo del gobierno de Porfirio Díaz, porque estableció conforme a la Ley de Instituciones de Crédito de 1897, un sistema bancario muy fuerte y bien organizado; así pues cada estado de la República tenía por lo menos un banco privado emisor de billetes, además del Banco Nacional de México.

Asimismo los billetes que estos bancos emitían tenían el respaldo metálico correspondiente con denominaciones de 1, 5, 10, 20, 50, 100, 500 y 1000 pesos que eran fabricados por empresas extranjeras especializadas

Como dato adicional es importante enfatizar que en 1889 se promulgó un nuevo Código de Comercio que desechó los privilegios del Banco Nacional de México y requería de nuevo la autorización, caso por caso, para los bancos de parte de la Secretaría de Hacienda y del Congreso de la Unión. Ello generó un caos hasta que en 1897 se emitió la Ley General de Instituciones de Crédito. La nueva ley fijó bases generales y uniformes para el establecimiento de bancos, los sujetó a la vigilancia permanente de la Secretaría de Hacienda y controló el crédito a los propios directivos y consejeros de las instituciones. Ese marco consideró únicamente tres tipos de instituciones de crédito: bancos de emisión, bancos refaccionarios y bancos hipotecarios.

Hasta la fecha se considera que esa ley ha sido una de las más importantes en la materia, reuniendo todas las disposiciones relativas a las instituciones de crédito.

Sin embargo esa ley, en la que se invirtió bastante tiempo y amplios estudios de especialistas que consultaron experiencias europeas y estadounidenses, no dio el resultado esperado porque mantuvo muchos privilegios, agregó otros y en la práctica no fue respetada ampliamente.

Pese a ello, durante el gobierno de Porfirio Díaz la banca y el crédito tuvieron un enorme desarrollo a causa de la progresiva comercialización de la vida económica. En esa época se generalizó el empleo del billete, el cheque y de otros valores mobiliarios; se favoreció la concentración de capitales dispersos y no productivos; se internacionalizó el crédito oficial y privado, así como la importación y exportación de capitales. Se redujo, asimismo, el precio del dinero por la disminución y regulación de las tasas de interés, así como se dio una simbiosis entre los capitales de la banca, la industria y el comercio que facilitó sus relaciones y desarrollo. La banca porfirista se constituyó en impulsora de la economía nacional y tuvo una marcada influencia en los sectores económicos, productivos y distributivos.

Sin embargo los vacíos legales y la crisis de liquidez por la situación mundial de 1907 motivaron la promulgación, en 1908, de reformas a la Ley General de Instituciones de Crédito de 1897, que entre otros objetivos redujeron la multiplicidad de instituciones emisoras, aumentaron el capital social mínimo a un millón de pesos, limitaron y regularon más estrictamente el préstamo a consejeros y directores bancarios, y pidieron más claridad en los balances para posteriormente la Revolución Mexicana iniciada en 1910 impidió ver los alcances de esas modificaciones.(S)

Fuente.- http://www.oem.com.mx/elsoldetoluca/notas/n1542669.htm


Paraguay – Historia de su moneda

Marzo 2nd, 2010 Escrito en Paraguay | No Comments »

El 28 de Febrero, se cumplió el  163 años del inicio del periodo de emisión monetaria propia de la República del Paraguay.

El 5 de Octubre de 1943, con el Decreto Ley Nº 655, se establece el “Régimen Monetario Orgánico de la República del Paraguay”, cuyas finalidades fundamentales entre otras eran, instituir una nueva unidad monetaria a fin de asegurar la estabilidad, fortalecerla y reafirmar la independencia y soberanía monetaria. En ese contexto el Banco de la República del Paraguay, actualmente Banco Central del Paraguay, determinó los materiales, el diseño, las leyendas y demás características de los billetes y las monedas.

Se instituyó el nombre de “Guaraní” para la nueva unidad monetaria creada, siendo dividido en 100 partes iguales, denominados céntimos. Los billetes y monedas con la nueva denominación se encuentran en circulación desde el año 1944 hasta nuestros días. Cabe señalar que la primera emisión (Año 1944), correspondió al Banco del Paraguay. A partir del año 1952, con la creación del Banco Central del Paraguay, por Decreto Ley Nº 18 del 25 de Marzo de ese año, la emisión de billetes es ya efectuada por el propio Banco Central del Paraguay. En la actualidad las emisiones se efectúan en virtud de la Ley 489/95, Orgánica del Banco Central del Paraguay, del 29 de Junio de 1995.

La historia recuerda que durante el gobierno de Don Carlos Antonio López y de Don Mariano Roque Alonso (1842-1844) se reconoció la necesidad de contar con moneda propia. Por ley del 24 de noviembre de 1842, fue ordenada la acuñación de monedas de cobre hasta completar la suma de 30.000 pesos; doce de ellas debían equivaler al valor de un real de plata.

En la época del primer presidente constitucional Carlos A. López, por decreto del 1 de marzo de 1847, se resolvió modificar la equivalencia, y entró en circulación la moneda de cobre que se hallaba acuñada en la referida cantidad de 30.000 pesos, pero reducida solamente al valor de 15.000 pesos. Por consiguiente, doce monedas de cobre equivalían el valor de medio real de plata. La acuñación se hizo una parte en Inglaterra y otra parte en la Casa de la Moneda, en Asunción.

En cuanto a las características de la primera moneda se destaca que en el anverso llevaba la leyenda “República del Paraguay. Año 1845. 1/12 y en el reverso el asta con gorro frigio; a su pie, león sentado, todo en corona de laurel. El metal utilizado fue el cobre (módulo 24 mm. y pesaba 37 gramos).

Creación del papel moneda

En mensaje dirigido al Congreso en 1847, Don Carlos Antonio López expresaba –entre otras cosas – “El único país en América, antes española, que hoy puede realizar la operación como corresponde (emisión de moneda) es la República del Paraguay, porque es el único que tiene capitales existentes, grandes y valiosas propiedades territoriales, garantías sólidas y seguras y ninguna deuda interna ni externa. Así es que en la República corren los billetes a la par del metálico”. El 1 de marzo de 1847, el presidente Carlos Antonio López dictó una disposición trascendental en la historia de la economía nacional, creando el papel moneda. El decreto autorizó la emisión, a través del Tesoro Nacional, hasta el valor total de 200.000 pesos. Dicha emisión fue de cinco valores: 1ª Clase, de un peso; 2ª clase, de tres pesos; 3ª clase, de cinco pesos; 4ª clase, de nueve pesos y 5ª clase, de veinte pesos.

Fuentes:

http://www.bcp.gov.py/index.php?option=com_content&task=view&id=31&Itemid=186

http://www.abc.com.py/abc/nota/82729-A-163-años-del-inicio-de-emisión-monetaria/

Monedas de Argentina

Febrero 28th, 2010 Escrito en Argentina | No Comments »

En el año 1881 se unificaron las monedas en Argentina y a partir de ese entonces han cambiado cinco veces su nombre y a medida que pasó el tiempo perdió nada más ni nada menos que 13 ceros. Pero esta historia no empezó en 1881 sino mucho antes con el trueque, luego apareció un valor conocido como ‘dinero mercancía’ con el cual se pagaba realmente lo que se compraba.

Monedas

Le siguieron las monedas acuñadas en plata y oro, hasta que por fin llegaron los billetes, que no eran usados como en la actualidad sino que eran certificados de existencia de un depósito en un banco. Cuando empezaron a usarse en forma habitual para pagar sus mercancías los bancos empezaron a realizar emisiones por cantidades fijas; fue cuando aparecieron los billetes oficiales y apareció el dinero fiduciario (que se diferenciaba de las moneadas de la época por tener un valor únicamente representativo). A continuación te damos un detalle cronológico de los cambios que se fueron produciendo en el sistema monetario argentino:

Siglo IX a XVI
Durante la época del Imperio Inca en la región cordillerana se utilizaban unas hachuelas de cobre para intercambiar diferentes bienes entre las comunidades de la región. Éstas, llamadas por los españoles ‘monedas hachas’, fueron encontradas en tumbas incaicas de Ecuador y Perú.

1573
La Real Casa de la Moneda de Potosí empezó a acuñar monedas en Hispanoamérica, conocidas como ‘macuquinas’ ya que se fabricaban a golpe de martillo.

1773
Se acuñaron monedas con el perfil de los monarcas. Aparecieron también las primeras medidas de seguridad para su falsificación y se empezaron a realizar mediante la utilización de máquinas de acuñación.

1813
Desde Potosí (de donde había llegado triunfante Manuel Belgrano) se acuñaron las primeras monedas de Argentina, según lo dispuesto por la Asamblea General Constituyente. Estas monedas en vez de tener el rostro del rey empezaron a llevar la leyenda ‘En Unión y Libertad’ (en la actualidad se le rinde homenaje en las monedas de 1 peso).

1815
Desde Potosí se llevaron los cuños a Córdoba en donde se instaló la primera casa de monedas de Argentina. Luego de un tiempo todas las provincias tenían sus casas de monedas.

1822
Fue creado el Banco de Buenos Aires que era depositario de los ingresos sociales. Este Banco pudo emitir billetes que eran fabricados en Inglaterra, los mismos incluían los rostros de la independencia americana y más tarde leyendas políticas (a favor del gobierno de Rosas).

1824
En la provincia de La Rioja se empezaron a acuñar monedas de oro y plata, las mismas contaban con un diseño similar al de Potosí. Tenían el nombre de Provincias Unidas para poder circular en todo el país.

1881
El peso quedó establecido como la unidad monetaria de la República Argentina (que circuló hasta el año 1970) y se creó la Casa de la Moneda de la Nación, lugar en donde se acuñaron los argentinos de oro y los patacones de plata, en ambos casos con el escudo argentino en el adverso y la efigie de la libertad en el reverso. La efigie fue diseñada por el artista francés Eugene Oudiné y se convirtió en un tema clásico en las monedas y forma parte, además, del logotipo del Banco Central de este país.

1900
Mediante la impresión de billetes con la alegoría del progreso quedó sentada a unificación de la emisión monetaria. Las placas con las que se realizaban estos billetes fueron traídos de Europa. Recién en el año 1951 se realizaron billetes de producción netamente nacional (el billete con la alegoría de la Justicia Social).

1970
En este año queda establecida la unidad monetaria Peso Ley 18188 que equivalía a 100 pesos moneda nacional. En esta línea monetaria se emitió el billete de 1.000.000 pesos ley que es el billete de mayor valor nominal de la historia de Argentina.

1983
Mediante un Decreto firmado por el Poder Ejecutivo (número 22.707) se estableció el Peso Argentino que equivalía a 10.000 pesos ley. Para poder hacer más fácil el reconocimiento del dinero los billetes de valores equivalentes llevaban tonos parecidos.

1985
Empezó a circular el Austral, que equivalía a 1.000 pesos argentinos. En este caso se diseñaron los billetes con retratos de residentes argentinos en los anversos y la alegoría del progreso en los reversos.

1992
El Decreto Presidencial 2128 cambio nuevamente la denominación del sistema monetario de este país, pasando a llamarse nuevamente Peso. El sistema rige hasta la actualidad.

Fuente: Museo Histórico y Numismático José Evaristo Uriburu

UN PLATO VOLADOR EN UNA ANTIGUA MONEDA

Febrero 18th, 2010 Escrito en Sin categoría | No Comments »

Hace siglos en todo el mundo los numismatists se intrigan cuando se enfrentan a una moneda un tanto peculiar como la que aquí mostramos, en una cara de la moneda se aprecia claramente la figura de un platillo entre nubes, parecida al relato bíblico de la “rueda de Ezequiel”.

Los investigadores dicen que las ruedas de Ezquiel. Era una cita bíblica sobre OVNIs o “platos voladores” pero la pareidolia nos hace mirar un objeto particular y ver que mas queremos. Se cree que esta moneda se acuño en Francia en 1680, fue fundida en cobre, tiene el tamaño de una moneda de 25 centavos de dólar, dice NUMISMATA, Kemmenth E, Publicado en Bressett, ex presidente de la Asociación Numismática de América y el propietario de la moneda., que podría no ser una moneda, si no un Jeton, objetos que se utilizaron en los siglos 16 y 17 en Europa para ayudar a las personas, represento para las monedas y cantidades de dinero, tal ves también fue utilizado para sustituir el dinero en juegos o actividades de enseñanza, Hoy en día solo hay una copia del conocimiento de los objetos de la comunidad científica. Al borde de la moneda hay un mensaje escrito en latín que dice: OPÒRTUNUS adest! La traducción seria: VAMOS A ESTAR AQUÍ EN UN MOMENTO OPORTUNO! Dado que el contacto con civilizaciones extraterrestres no se ha hecho debido a nuestra falta de amor y de la conciencia cósmica, se podría decir que a los “extranjeros” se nos advierte que estarán con nosotros para que lo hagamos posible.

(N. del A).Quizás algún día esta humanidad acepte que no estamos solos y abra su mente a esta fantástica realidad, seguro, luego se pueda producir el contacto como lo sugiere el texto anterior, para ello se deben abandonar nuestros absurdos preconceptos.

Por jorgealbertosuarez

Fuente. http://www.eltiempo.com/blogs/alternativa_extraterrestre/2010/02/un-plato-volador-en-una-antigu.php

La casa de monedas más antigua del mundo

Febrero 18th, 2010 Escrito en Sin categoría | No Comments »

En la ciudad de Kremnica se encuentra una casa de moneda que ha acuñado de manera ininterrumpida monedas por casi 700 años, convirtiéndose de esta manera en la casa de moneda, aún en funcionamiento, mas antigua del mudo.

Historia

La ciudad de Kremnica y la Casa de moneda empezaron a escribir su historia de manera conjunta, cuando el rey húngaro Carlos Roberto de Anjou el 17 de noviembre de 1328 elevó al poblado minero de Cremnychbana al grado de ciudad real libre e instaló la casa de moneda. El motivo fue, no sólo los ricos yacimientos de oro y de plata en el valle del arroyo de Kremnica y la intensiva actividad minera, sino también la intensión de la reforma económica y monetaria del Reino Húngaro.

El gobernante invitó a Kremnica a los acuñadores de monedas checos de Kutná Hora, los cuales empezaron a acuñar una nueva moneda, de acuerdo a los ochavos checos: el ochavo húngaro. Desde esa época la casa de moneda de Kremnica nunca detuvo su producción por un tiempo largo y trabaja hasta la actualidad. Casi 700 años de existencia la colocan entre las empresas con producción interrumpida mas antiguas del mundo.

Los ducados de Kremnica

Según el modelo de monedas de oro: florines, instaló Carlos Roberto en los años 30 del siglo XIV la acuñación de monedas de oro también en Kremnica. El florín húngaro, posteriormente conocido como el ducado de Kremnica, no cambió por siglos su ley (pureza) (989/1000, ósea 23,9 quilates) ni su peso (3,548 g con un peso de metal puro de 3,52 g). En la edad media era considerada como la moneda de mayor valor en Europa central.

La casa de moneda más grande en Hungría

En el siglo XVIII la casa de moneda de Kremnica se convirtió en la casa de moneda técnicamente más completa en toda la monarquía. En la acuñación trabajaban 16 prensas, mientras que en Viena sólo 4 y en Praga sólo 3. Con el fin de centralizar la producción de monedas, la casa de moneda de Kremnica, en el año 1871, se volvió la única empresa que acuñaba monedas y refinaba metales preciosos en toda Hungría.

Después de la independencia de Eslovaquia

Al dividirse el imperio austro-húngaro (1918) se llevaron las maquinarias y la existencias de minerales preciosos de Kremnica a Budapest. La nueva República Checoslovaca compró nuevas maquinarias eléctricas y ya en el año 1921 se empezó a acuñar la nueva moneda checoslovaca. Para la fabricación de monedas de baja denominación se usaron sólo metales de menor valor. El oro y la plata quedaron como material tradicional para las monedas conmemorativas y los ducados checoslovacos, los cuales se acuñaron desde el año 1923 como monedas para el comercio.

También la segunda guerra mundial dejó su dura huella en la casa de moneda de Kremnica. El ejército alemán se llevó los metales almacenados y destruyó las maquinarias de acuñación. Sin embargo, ya el día 26 de marzo de 1946 se empezaron a acuñar monedas de una corona de la República Checoslovaca. La casa de moneda, después de la guerra, incluyó entre sus clientes a los países de Europa central y oriental, Asia y África.

El Euro eslovaco

Desde la separación de Checoslovaquia (1993), la casa de moneda de Kremnica trabaja como una empresa estatal de la República Eslovaca y aparte de las monedas eslovacas acuña monedas para clientes de todos los continentes. Uno de los mayores retos para la casa de moneda fue la adopción del Euro en la República Eslovaca. Esto significó la capacidad de producir monedas de euro en un muy corto tiempo. En cuatro meses y medio, durante el año 2008, los trabajadores de la casa de moneda acuñaron 500 millones de monedas de euro eslovacas.

En la actualidad

En la actualidad si Ud. viene a Kremnica no deje pasar la oportunidad de visitar la casa de moneda. Verá las instalaciones y la maquinaria antigua, distintas colecciones de monedas y podrá comprar series completas de monedas eslovacos o monedas conmemorativas.

Fuente:http://www.eslovaquia.sk/?p=1103

La vida de la Peseta

Febrero 15th, 2010 Escrito en España | No Comments »

Por Dª Clara Pardo Latre

En el año 2002 doce países de la Unión Europea (Irlanda, Bélgica, Francia, España, Portugal, Alemania, Luxemburgo, Austria, Italia, Holanda, Grecia y Finlandia) introdujeron el euro para facilitar transacciones monetarias. No fueron pocos los debates que hubo desde que se aceptó esta propuesta en 1999, pues mucha gente estaba en contra porque les daba “morriña” no tener que cambiar de moneda para viajar a otro país, aunque esto fuese mucho más cómodo. De todas formas, los coleccionistas de monedas, que fueron de los más críticos, pueden seguir con esa afición ya que cada país tiene grabados diferentes en sus euros.

No se sabe muy bien cuándo surgió la palabra peseta; por un lado, se cree que viene del catalán “peceta” (piececita), diminutivo de “peça” (pieza), nombre con que se conocían desde el siglo XV diferentes monedas de plata. Pero por otro lado, el Diccionario de la Real Academia y el de María Moliner consideran que “peseta” es un derivado de “peso” y el Diccionario Crítico Etimológico Castellano e Hispánico, del filósofo Joan Corominas, niega que se trate de un vocablo catalán; aunque admite la influencia de los sufijos catalanes “ete” y “eta” que aparecen en bastantes términos castellanos de la época.

Hasta ahora, la alusión más antigua que se ha encontrado de esta palabra se remonta a una pragmática del 13 de julio de 1718. Veinte años después, el Diccionario de Autoridades definió la peseta como: “la pieza que vale dos reales de plata de moneda provincial, formada en figura redonda”.

La primera pieza que se acuñó con la inscripción “pesetas” fue una de dos pesetas y media, en Barcelona en 1808, durante la dominación napoleónica. Posteriormente, tras la coronación de Isabel II como Reina de España, durante los años 1836 y 1837, volvieron a acuñarse monedas con la inscripción de “una peseta”.

El 19 de octubre de 1868, el ministro de Hacienda del Gobierno provisional del general Serrano, Laureano Figuerola, firmó el decreto por el que se implantaba la peseta como unidad monetaria nacional, al mismo tiempo que entraba en vigor oficialmente el Sistema Métrico en el contexto de la Unión Monetaria Latina. La peseta vino a sustituir al escudo como unidad monetaria española, pero anteriormente existía como múltiplo del real y submúltiplo del escudo. Años antes, en 1836, cuando reinaba Isabel II (1833-1868), se emitieron varias monedas de una peseta (cinco gramos de plata) con las que se pagaba el sueldo a las tropas de las Guerras Carlistas. Con esta reforma de 1868, además de unificar el mercado monetario nacional, también se pretendían estrechar los lazos económicos y políticos con los países de la Unión Monetaria Latina (Francia, Suiza, Italia y Bélgica); la cual que había sido creada hacía tres años encabezada por Napoleón II y a la que poco después se unieron Estados Unidos, Reino Unido y Alemania. Esta organización propuso la creación de una moneda universal, que nunca se ha conseguido llevar a cabo.

En España se estableció un patrón de moneda con acuñaciones de 1, 2 y 5 pesetas en plata y de 10, 20, 50 y 100 en oro, además de 20 y 50 céntimos en plata y 1, 2, 5 y 10 en bronce. Al igual que el euro, la peseta se dividía en 100 céntimos, que desaparecieron en 1983, dejando a la peseta como unidad monetaria mínima. Los apodos de “perra chica” y “perra gorda” a las monedas de 5 y 10 céntimos, proceden de 1870, cuando Luís Plañiol, el grabador de la Casa de la Moneda, intentó dibujar un león en el reverso de la moneda de 10 céntimos, pero le salió mal y parecía un perro. También triunfó el mote a la moneda de 5 pesetas, a la que todos llamaron “duro” hasta su desaparición en 2002. Otro seudónimo muy conocido fue el de “rubias”, a las que se les denominó así por su color dorado y el retrato de una mujer con una larga melena dibujado en su reverso.

A principios del siglo XX, como las monedas no valían lo mismo que el metal del que estaban hechas, y para favorecer las reservas de oro y plata, se pasó a utilizar billetes u otros metales menos valiosos, como el níquel. En 1925 se creó una moneda de níquel de 25 céntimos, muy parecida a la de dos pesetas de plata, por lo que fue horadada en el centro para distinguirlas, como sucedió también con la de 50 céntimos de 1949 y la de 25 pesetas de 1992.

Durante la Guerra Civil, el Banco de España fue dividido: los republicanos tuvieron su sede primero en Madrid y posteriormente en Valencia, Castellón y Aspe (Alicante), mientras que los nacionales se instalaron en Burgos; cada bando hacía sus monedas oficiales y negaba la legitimidad de las del rival. En el bando nacional, mediante Decreto Ley, se obligaba a quienes poseían billetes de la Segunda República a ponerles un sello o a ingresarlos en el banco para validarlos; mientras que los republicanos, con otro Decreto, establecieron la emisión de certificados de plata de 5 y 10 pesetas en forma de billetes. Al terminar la guerra, el general Franco estableció un período de conversión de las pesetas republicanas a nacionales, lo que supuso la afloración de unos 3.000 millones a las arcas del nuevo Estado.

Con la vuelta a la Monarquía, las monedas pasaron a tener la imagen del rey en una de sus caras y el escudo de España en la otra. Aunque también hubo monedas de las diferentes comunidades autónomas y, además, si había algún acontecimiento importante, se creaba una moneda para conmemorarlo, como pasó con el Mundial de Fútbol que se celebró en nuestro país en 1982, los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992 o la Expo de Sevilla del mismo año. También hubo ediciones especiales de monedas de 2.000 pesetas para conmemorar acontecimientos determinados, como el cuarto aniversario de la muerte de Felipe II, en 1998, o el Año Santo Compostelano de 1999.

Con la acuñación de la que fue la última moneda de cien pesetas, el 19 de junio de 2001, se terminó la emisión de pesetas, transformando las planchas y troqueles en piezas de museo. La peseta desapareció definitivamente el 28 de febrero de 2002, después de convivir dos meses con el euro.


Fuente:.http://www.hispagenda.com/

Cómo la inflación acabó con el Imperio Romano

Febrero 11th, 2010 Escrito en Sin categoría | No Comments »

LA HISTORIA QUE NUNCA SE CUENTA

  • Existe una creencia comúnmente aceptada que carga las culpas de la caída del Imperio Romano sobre las tribus germánicas, que, bárbaras, harapientas e iletradas como eran, tomaron al asalto una sociedad refinada, culta y próspera. Lamento desilusionar a los que están convencidos de esto, pero tal creencia es falsa.

La verdadera causa del fin de Roma como Imperio y, lo que es más importante, como civilización no fueron los bárbaros, sino los propios emperadores romanos, que dinamitaron su propio mundo aplicando recetas económicas que hoy nos resultan muy familiares.

En el invierno del año 211, el emperador Septimio Severo se encontraba en la provincia de Britania peleándose con los pictos. Entonces se puso malo y se murió; pero antes reunió a sus dos hijos, Caracalla y Geta, junto a su lecho de muerte y les dio un último consejo para gobernar el inmenso imperio que les legaba: “Vivid en armonía, enriqueced al ejército, ignorad lo demás”. Caracalla prometió cumplirlos, pero pronto se olvidó del primero de los preceptos y liquidó a su hermano para poder mandar él solito.

Con Caracalla empieza la decadencia de Roma. Haciendo caso a su padre, subió un 50% la paga de los soldados y se metió en nuevas guerras. Para financiar la cosa dobló los impuestos sobre las herencias. Pero no fue suficiente, por lo que decidió devaluar la moneda: así, de paso, se podía permitir caprichos como las faraónicas termas que llevan su nombre, y cuya sala principal es más grande que el San Pedro del Vaticano.

En el siglo III no existían el papel moneda ni la máquina de imprimir billetes, así que las devaluaciones atacaban directamente al metal. Lo que se hacía era malear el metal noble mezclándolo con otros menos valiosos. El objetivo de los gobernantes que así malgobernaban era acuñar y gastar más. Caracalla pensaba que si quitaba un poquito de plata a las monedas nadie lo notaría, y él podría multiplicar a placer el dinero existente. Se trataba, en definitiva, de algo bueno para todos.

La moneda romana era el denario –de aquí viene nuestra palabra dinero–, y en origen era de plata pura. En tiempos de Augusto, el primer emperador, cada denario estaba compuesto en un 95% por plata y en un 5% por otros metales, como el bronce. Un siglo más tarde, con Trajano, el porcentaje de plata era del 85%. Ochenta años más tarde, Marco Aurelio volvió a depreciar el denario, que ya sólo tenía un 75% de plata. El denario, pues, se había devaluado un 20% en dos siglos. Algo más o menos tolerable. Caracalla, muy necesitado de efectivo para sus gastos, devaluó el denario hasta dejarlo con sólo un 50% de plata; es decir, lo devaluó un 25% en un solo año.

El áureo –de oro, lógicamente– también perdió valor por imperativo legal. Durante el reinado de Augusto, de cada libra de oro salían unas cuarenta monedas. Caracalla estiró la libra hasta sacar unas cincuenta monedas, que, naturalmente, mantenían el valor nominal; pero no el real.

Con tanto experimento monetario y sin que el emperador lo previese, los precios se dispararon. Caracalla se perdió la fiesta: estando de campaña en Asia, fue apuñalado por uno de sus guardias mientras meaba al borde de un camino. Una muerte muy propia para uno de los mayores sinvergüenzas de la Historia.

Los que le sucedieron no hicieron sino empeorar las cosas. Casi todos los emperadores del siglo III fueron militares, y casi todos llegaron al poder mediante sangrientos cuartelazos. Un dato que lo dice todo: sólo uno de ellos, Hostiliano, que reinó seis meses en 251, murió en la cama por causas naturales; el resto cayó a manos de sus guardias o en el campo de batalla –por lo general contra sus sucesores–. A este periodo los historiadores lo llaman “la crisis del siglo III”. En rigor, deberían hablar del fin de la civilización romana, porque a partir de ahí el mundo romano sería mucho más parecido al medieval que al clásico.

Durante ese siglo el denario no dejó de devaluarse; hasta que acabó convertido en un pedazo de bronce bañado en plata que pasaba raudo de mano en mano. Y es que la moneda mala, como dice la copla, de mano en mano va y ninguno se la queda. En cuanto al áureo, prácticamente desapareció de la circulación, y cuando aparecía era fino y maleado. La inflación superó el 1.000%, y eso con los fragmentados datos de los que disponemos: probablemente, en ciertos momentos y lugares fue mucho mayor.

Al caos político y económico del siglo III le sucedió el ajuste de Diocleciano, que, ya sin poder recurrir a la devaluación, machacó a impuestos a los habitantes del Imperio y ensayó una reforma monetaria. La reforma fracasó, y su edicto de precios máximos fue totalmente ignorado por la gente, que, en menos de un siglo, había pasado de tener en sus bolsillos denarios de plata a manejar los llamados follis, pedacitos de bronce muy abundantes y sin apenas valor. Los romanos se habían empobrecido fenomenalmente en sólo unas décadas por culpa de su Gobierno; y con ellos el comercio, la industria y la agricultura del Imperio.

La semilla del Estado omnipotente, siempre necesitado de fondos para sobrevivir, había arraigado. El emperador Constantino suprimió el áureo y puso en circulación una nueva moneda de oro, el sólido, muy depreciada con respecto a su antecesor. Un áureo de los antiguos valía, por su cantidad de metal precioso, dos sólidos. La moneda de plata, encanallada hasta la náusea, desapareció del mapa.

Constantino consiguió la cantidad de oro necesaria para la reforma confiscándoselo a las ricas ciudades orientales y a los templos paganos, ya en retirada tras la conversión del emperador al cristianismo. Para financiar el funcionamiento del Estado se inventó nuevos impuestos, que habían de abonarse sólo en oro, única forma de pago, por lo demás, que aceptaban los mercenarios extranjeros que servían en el ejército. Bárbaros les llamaban, aunque, a decir verdad, muy bárbaros no serían, cuando sólo estaban dispuestos a jugarse la vida por dinero de verdad.

El oro se convirtió en un refugio para quien podía conseguirlo, es decir, los militares y los altos funcionarios imperiales. El resto de la población había de conformarse con el bronce de los follis y el cobre del dinero informal, acuñado de manera ilegal y que hacía las veces de dinero de bolsillo. La antaño próspera clase de pequeños propietarios y comerciantes, base misma de la grandeza romana, se arruinó sin remedio. Se produjo entonces una concentración de tierras en manos de unos pocos terratenientes, que empleaban en ellas a los hijos o nietos de antiguos campesinos libres depauperados por la inflación y los crecientes impuestos imperiales. La era feudal acababa de comenzar.

El Imperio Romano de los siglos IV y V vivió, literalmente, de saquear a sus súbditos. Los gastos imperiales crecieron porque sólo se podía sobrevivir a la sombra del Estado. El ejército duplicó sus efectivos, pero no sirvió de nada, porque los reyes germanos fueron, a partir del año 400, fundando reinos con el beneplácito de los otrora orgullosos ciudadanos romanos.

Durante casi dos siglos, el Estado romano fue una onerosa máquina burocrática que tenía el solo objetivo de sobrevivir y perpetuarse. Pero ni eso consiguió. Cuando el flujo de oro se secó, porque ya no quedaba un solo contribuyente a quien dar la vuelta y sacudir, Roma colapsó y se esfumó de la Historia, dejando tal caos que Occidente no volvería a ser Occidente hasta mil años después.

Por D.  Fernando Díaz Villanueva

Fuente: http://historia.libertaddigital.com/como-la-inflacion-acabo-con-el-imperio-romano-1276237462.html

Boletín Electrum Nº 123 – Año XI – Febrero 6, 2010

Febrero 6th, 2010 Escrito en Argentina | No Comments »

Editado por la Federación de Entidades Numismáticas y Medallísticas Argentinas

Dirección postal de FENyMA: Av. San Juan 2630  -  C1232AAV  Buenos Aires – Argentina  Teléfono: 54-11 4941-5156  Fax: 54-11 4308-3824

E-mail: fenyma@bigfoot.com Página web: www.fenyma.org.ar

Año del Bicentenario de la Revolución de Mayo 1810 – 2010

Año del 25° aniversario de FENyMA 1985 – 2010

Estimados amigos:

Nos volvemos a poner en contacto con Uds. con las noticias de nuestro ámbito, esperando sean de su interés. Agradecemos todos los saludos que recibimos y en especial a la Fundación de los Corrales Viejos, Sociedad Argentina de Historiadores, Donald Dool, Richard Doty, Daniel Mira Castets, Gral. “VGM” Carlos María Marturet, el personal del Museo Histórico y Numismático del BCRA, la Asociación Civil del Personal Superior del Banco Ciudad, y Nora M. Matassi y Julio M. Alvarez, de Casa de Moneda.

1.- Necrológica:

Con profundo pesar les comunicamos el fallecimiento de Osvaldo Mitchell, ocurrido en Buenos Aires el 29 de enero ppdo., a la edad de 83, uno de nuestros más importantes numismáticos de la actualidad. Habíendosele asignado por sorteo el N°1, fue socio fundador del Centro Numismático Buenos Aires, del que fuera presidente, y hasta su deceso -desde el año 2005- era su presidente honorario. Además fue fundador y miembro de número de la Academia Argentina de Numismática y Medallística. Hacemos llegar a los familiares y amigos nuestras sinceras condolencias.

2.- Premio Fenyma “Alberto (Coco) Derman” Año 2009:

Recordamos que la presentación de trabajos cierra el 28/02/2010. En tal sentido, solicitamos a todas las entidades miembros la difusión del respectivo concurso, cuyas bases están publicadas en la página web de nuestra Federación. Además invitamos a todos los lectores de Electrum a participar del mismo.

3.- Monedas circulantes argentinas:

Nuestro colega y amigo Julio Alzatti nos informa que ya han salido a circulación, en la ciudad de Buenos Aires, monedas de un peso con cuño 2010 y con letra E como marca de ceca. De la Gerencia de Planeamiento y Control del Tesoro del BCRA, nos expresan que la mencionada letra E corresponde a una ceca privada de Italia y aprovechan para contarnos que están prontas a salir a circulación monedas de 25 y 50 centavos con fecha 2010, que fueron acuñadas en Eslovaquia.

4.- Centro Numismático Buenos Aires:

  • Mirta Villamayor donó al CNBA, en memoria de su esposo, la biblioteca de numismática y ciencias afines de nuestro siempre recordado Daniel. El agradecimiento del Centro por tan valiosa donación a su esposa, y a Fernando Iuliano por haberse ocupado del transporte del material, tal como anteriormente lo hiciera con las balanzas donadas por el Banco Ciudad y los boletines regalados por la famiia de José A. Martínez.
  • Además, expresan que las actividades del Centro se reiniciaron el 4 de febrero ppdo.

5.- Centro Numismático de las Sierras del Tandil:

El secretario, Rodolfo Franci, comunica:

El centro se encuentra en receso hasta el 15 de febrero.

  • Igualmente el delegado de la zona sur de FENyMA, Rodolfo Franci, se encuentra abocado a contactar a los centros correspondientes para que completen la encuesta ya enviada oportunamente. Si algún centro ha cambiado su dirección electrónica, por favor háganoslo saber al email: rfranci@fibertel.com.ar

6.- Centro Filatélico y Numismático Villa Carlos Paz:

Sergio Tonarelli, presidente del centro, informa que la entidad se encuentra en receso hasta el 20 de febrero.

7.- Instituto de Numismática e Historia de San Nicolás:

Rodolfo Bellomo, directivo de la entidad, comunica la invitacion a la Gran Subasta Postal Nº 34, que se desarrollara el proximo 7 de marzo, donde están ofreciendo mas de 3500 lotes. con abundante material variado, y a la vez anticipan que quedan pocos ejemplares del libro “San Nicolás en la Medalla”, como así también la medalla “50º Aniversario del INH”.
Los interesados se pueden dirigir al e-mail: rodolfobellomo2000@yahoo.com.ar Dirección postal Av. de los Constituyentes Nº 66, (2900) San Nicolás, Teléfono: 03461-440797 Telefax: 03461-440998.

8.- Nuevo catálogo numismático:

“Papel Moneda de la República Argentina”, por Mariano Cohen, edición del autor, Buenos Aires 2010. El mismo consta de 91 páginas con las imágenes en colores de billetes desde 1935 hasta hoy, e incluye variedades de leyes, firmas, series, filigranas, más todas las variantes visibles. Los precios están actualizados en dólares estadounidenses según el estado de conservación. La dirección es Lavalle 750, local 49, (1047) Ciudad de Buenos Aires, teléfono 4393-9880, e-mail: numismaticapb@hotmail.com

10.- Actualización catálogo:

Roberto A. Bottero, autor del libro “Billetes de la República Argentina”, nos ha hecho llegar por vía electrónica las rectificaciones y una nueva actualización, en este caso al 31/12/2009, de su catálogo mencionado. Quienes estén interesados en obtenerla se pueden dirigir al e-mail:  roberbot@hotmail.com

Asimismo informa que hay nuevas rectificaciones u omisiones que le han señalado, de las cuales algunas están agregadas en el folleto adjunto, especialmente las de la página 156, emisiones 1562 y 1563. Asimismo se han descubierto nuevas variantes, todo lo que está incorporando en la preparación de un nuevo capítulo del libro para la futura segunda edición, como así también todas las variedades de filigranas con sus imágenes y detalles ampliados, que retiene a fin de ajustar con mayor precisión la información.

Federación de Entidades Numismáticas y Medallísticas Argentinas – Fenyma

Consejo Directivo:

Presidente: Carlos A. Mayer

Vicepresidente: Carlos A. Graziadio

Secretario: Ricardo Gómez

Tesorero: Eduardo Sánchez Guerra

Vocal: Federico de Ansó

Revisor de Cuentas titular: Carlos J. Damato

Revisor de Cuentas supl.: Ariel Brauchli

Coordinadores:

Región Metropolitano-Bonaerense: Carlos A. Graziadio.

Región Litoral: Carlos J. Damato.

Región Centro Noroeste: Héctor R. Barazzotto.

Región Sur: Rodolfo J. Franci.

Relaciones Exteriores: Roberto E. Díaz.

E-mail:   fenyma@bigfoot.com

Página web: www.fenyma.org.ar

La formación del ensayador de oro y plata

Febrero 4th, 2010 Escrito en México | No Comments »

Portada del “Arte de ensayar oro y plata”, de Muñoz de Amador

Portada del "Arte de ensayar oro y plata", de Muñoz de Amador

Los ensayadores  eran los responsables de comprobar la “ley” o contenido intrínseco de las barras de plata o tejos de oro que llevaban los mineros o comerciantes a las cajas reales, anexas por lo común a cada real de minas, para pagar los debidos derechos fiscales. El ensayador realizaba las operaciones y cálculos, y marcaba con un punzón el peso y ley de cada una (por esta razón, a veces también se le llamaba “marcador”).

En la Casa de Moneda hubo asimismo uno o más ensayadores, que volvían a “ensayar” el metal traído para su acuñación, daban las instrucciones necesarias al fundidor sobre la “liga” o mezcla adecuada de los metales, y certificaban posteriormente que las monedas  tuvieran la ley prevista.

Era una labor que requería personas, como mencionaba la ordenanza de 1750 de la ceca mexicana, “de buena opinión, celo y desinterés, por lo que conviene que estos sujetos sean no solo de suficiencia, sino de acreditada legalidad y honrados procederes”. Era considerado como un oficio, pero también como un “arte”, que incluso tuvo su nombre erudito: la docimasia (del griego δοκιμάζειν, probar, ensayar, según la Real Academia).

Antes de la creación del Real Colegio de Minería, en 1792, no existía ninguna escuela ni establecimiento formal para aprender el oficio. Más bien, las personas iban adquiriendo los conocimientos en la práctica. En muchos casos eran oficiales de platero, un arte que tenía estrecha afinidad y cercanía con las operaciones del ensaye. En otros los aspirantes se formaban en las cajas reales o en la casa de moneda trabajando como “meritorios” de los ensayadores, esto es, como aprendices sin paga.

El aspirante a ensayador podía auxiliarse con algunos libros, porque el ensaye siempre fue una disciplina que atrajo a los autores de espíritu científico. El manual más antiguo y acreditado era el de Juan de Arfe, El quilatador de oro y plata (Valladolid, 1572), platero y ensayador de la ceca segoviana. Posteriormente aparecieron el Tratado de ensayadores (1623), de Juan Fernández del Castillo, y el Arte de ensayar oro, y plata, con breves reglas para la teórica y la práctica, en el qual se explica también el oficio de ensayador, y marcador mayor de los reynos (1755), de Bernardo Muñoz de Amador.

La Corona española también se interesó en el asunto, y consta que se ocupó de remitir a México la traducción española de la obra de Balthasar Georges Sage, profesor de mineralogía docimástica de la Maison des Monnaies de París, titulada El arte de ensayar oro y plata, bosquejo o descripción comparativa de la copelación de las substancias metálicas (1785).

Los aspirantes debían ser examinados por el ensayador mayor del reino, adscrito a la Real Caja de México, en presencia de sinodales de reconocida experiencia. El viajero italiano Gemelli Careri dejó una buena descripción en  1694:

Después de comer, fui invitado por don Felipe de Rivas, ensayador de la Caja Real, para ver la operación y examen que debía hacer en su casa un platero, discípulo suyo, para la mina de Zacatecas, con la asistencia de los oficiales de la Caja Real. Habiendo ido allí, encontré a éstos sentados bajo un dosel real, de la misma manera que suelen estar en el tribunal. El factor, el más antiguo de los mismos, dio al platero un pedazo de plata que tenía mucho oro mezclado, para investigar su liga o calidad, y cuántos gramos otro,  de plomo o de otra liga había en él. Hecha la operación en un hornillo que estaba encendido afuera, y con la boca dentro de la misma cámara, supo dar a los oficiales razón de la pregunta; y lo mismo hizo con un pedazo de oro que luego le dieron para saber sus quilates, de tal manera que lo aprobaron como hábil para el ejercicio mencionado de ensayador. Hubo luego aguas dulces (para refrescar los cuerpos, acalorados por la hornaza), chocolate y variedad de cosas azucaradas” (Viaje la Nueva España, UNAM, 1976, p. 71)

Fuente:

Peregrinaciones en el pasado
Blog de Felipe Castro Gutiérrez, historiador

http://felipecastro.wordpress.com/2010/02/03/la-formacion-del-ensayador-de-oro-y-plata/

Se extraen los mensajes o artículos, ya que son noticias publicadas en la prensa virtual o escrita y pasado unos días, son retirados y de esta forma, podemos disponer de más tiempo para una consulta o lectura posterior. Si el autor, editorial, o cualquier persona física o jurídica, creen, que se lesionan sus derechos o intereses, puede contactar con el administrador y en el menor tiempo posible será retirados.